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Luis Pedro España

¿Posesión o elecciones?

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¿Alguien sabe lo que ocurre el día de hoy? No se trata de una toma de posesión, pero tampoco de su posposición, o si lo es porque una carta del vicepresidente así lo pidió en nombre del Presidente.

Se supone que habrá gente concentrada en la calle como quien apoya una gestión que no tenemos certeza de cuándo vaya a comenzar. Hasta representantes o dignatarios de otros países confirmaron asistencia a un acto que no se sabe de qué tipo es, si de solidaridad o de felicitación, o sólo para obtener información.

Hoy más que ningún otro día debería ser un momento de explicaciones y de aclaraciones sobre el futuro, antes que un acto político cuyo guión aún tiene tachones y tinta fresca. Al parecer, se pensó una y otra vez qué hacer con esta fecha. Puede que para no repetir lo que ocurrió durante la juramentación del Poder Legislativo. Acto de dudosa estética donde las nuevas autoridades tomaron posesión ante los representantes de un poder popular que representan casi en exclusividad a quien los nombró.

Por lo que vemos, estamos en presencia de la improvisación de una nueva iconografía del poder por el simple hecho de no seguir el guión constitucional. Por razones que desconocemos, y que sólo desde la especulación se podría analizar, el Gobierno no sabe qué hacer con el día de hoy y, en consecuencia, tampoco con los que siguen al de hoy. ¿Comenzó o no el nuevo período? ¿Cuál es la norma que legitima a las actuales autoridades? ¿Alguien sabe por cuánto tiempo es la posposición? ¿O el tiempo del permiso para la curación? ¡Imagínense ustedes la incertidumbre en la que estamos!

Pero con todo respeto a los amigos y conocidos del derecho y, en particular, de los especialistas en temas constitucionales, es probable que lo que menos está planteado para el pueblo llano en estos momentos sea un debate sobre la legalidad de los procedimientos. Aunque eso es precisamente lo que debería reclamar el país, el Gobierno se vale de la manipulación basada en la comprensión concreta de la realidad que tienen sus partidarios. Eso les funcionará por un ratico, hasta que el peso de la realidad vuelva sobre nosotros y demuestre que en democracia los votos no se heredan como tampoco el carisma o el afecto.

Estamos en presencia de un cuadro administrativo que no encuentra la forma de hacer la transición desde un régimen semicarismático a otro distinto, porque intencionalmente y de forma acomodaticia se negó a construir una nueva institucionalidad universal basada en la constitución de 1999. No lo hizo porque necesitaba la discrecionalidad que deriva de la continua imposibilidad de sus planes.

Ante tanta improvisación, que no tardará en alcanzar esferas muy concretas de la administración pública y sus funciones, lo mejor que le puede pasar a Venezuela es que el Presidente se recupere y asuma sus funciones, de manera que la precaria institucionalidad que tenemos se mantenga hasta que sea posible construir otra, según los plazos y los procedimientos que hasta el presente se han respetado.

De lo contrario, si esta situación se mantiene por meses, por el bien del país será necesario llamar a elecciones y fundar una nueva legitimidad basada en lo único que otorga legitimidad y obediencia en Venezuela, la fuerza de los votos. Sin importar quién sea el favorecido por ellos para cuando el desenlace final ocurra.