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Sebastián Mantilla

Populismos de izquierda

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Al igual que Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela y Bolivia, Ecuador experimenta desde el año 2007 un proceso político de cambio, caracterizado por un giro hacia la izquierda.

No obstante, las diferencias que ha ido tomando nuestro país ha generado el interés por caracterizarlo de manera mucho más clara.

Especialistas como Castañeda, Lanzaro o Petkoff, al tratar de los regímenes de izquierda en América Latina, hablan de dos grandes grupos. El primero formado por gobiernos de carácter pragmático, y el segundo, por gobiernos de corte populista o radical.

En el primer grupo estarían los regímenes de Lula da Silva y Dilma Rousseff, en Brasil; Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en Chile; Tabaré Vásquez y José Mujica, en Uruguay. En el segundo, los de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela; Néstor Kirchner y Cristina Fernández, en Argentina; Evo Morales, en Bolivia; Rafael Correa, en Ecuador, y Daniel Ortega, en Nicaragua.

En el caso de Correa, hacer una clasificación no es tan fácil porque a más de su marcado populismo hay aspectos en el manejo del Estado, como la recuperación del papel de lo público en materia económica, la redistribución de la riqueza social y territorial, la planificación y el aumento de la eficacia institucional, que podrían llevarnos a optar por otra tipología.

Sin embargo, el direccionamiento que ha tomado el régimen en torno a lo político e institucional nos lleva a encontrar más similitudes con los gobiernos populistas o radicales de izquierda de Chávez, Kirchner o Morales.

Uno de los elementos en común, a más de la promulgación de nuevas constituciones que viabilizaron la concentración del poder, se han caracterizado por impulsar políticas redistributivas y clientelares, un ferviente nacionalismo y una relevante intervención estatal. El tema de la participación ciudadana ha sido solo un ofrecimiento que no se ha cumplido, ya que el carácter de estos gobiernos, en lugar de abrir los espacios para la deliberación, los ha cerrado, al concentrar en una sola persona o una camarilla de iluminados las decisiones.

En el caso de Ecuador la participación se ha reducido al voto. Esto ha llevado a que se “sobreentienda” y se “asienta de manera acrítica” de que el electorado debe someterse políticamente al líder.

Rafael Correa tiene muchas similitudes con los populismos clásicos. No se ve a sí mismo como político que ha sido elegido por un periodo determinado.

Se siente portador de misiones míticas que, como en el caso de Hugo Chávez, trataron de compararse con Bolívar en el sentido de buscar la segunda independencia de su país y forjar una democracia que supere los vicios de la democracia liberal. No obstante, los “avances” saltan a la vista cuando se compara con otros gobiernos de izquierda como Brasil, Chile o Uruguay, sobre todo en términos democráticos.