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Hannia Gómez

Pontífice

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Puente de Bello Monte, 2014 (Instalan puente que conectará a Bello Monte con la Fajardo) | Foto: Globovisión

Puente de Bello Monte, 2014 (Instalan puente que conectará a Bello Monte con la Fajardo) | Foto: Globovisión

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“Pontífice, med. siglo XV, lat. pontifex, formado por las palabras pons, 'puente' y facere, 'hacer': 'constructor de puentes'; alto funcionario romano que en sus orígenes cuidaba del puente del Tíber".

-Juan Corominas. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana.

1. Inmediatez

El viernes 18 de octubre de 2013 el ministro de Transporte Terrestre, el ingeniero Haiman El Troudi, “habilitó el tránsito vehicular por el nuevo 'puente de guerra' instalado en la Troncal 9, a la altura de Boca de Uchire, en el estado Anzoátegui, luego de su colapso. ‘Ha sido un trabajo que hemos realizado con mucha vocación”, indicó El Troudi en el acto de inauguración. Y un “puente de guerra”, es exactamente lo que construyó para resolver la contingencia: una estructura metálica triangulada, de cerchas rectas, una de ida y otra de vuelta, salvaron la luz, garantizaron el soporte de las cargas y restituyeron el paso del tráfico. Todo muy eficiente: una respuesta inmediata.

Invocando así su vocación profesional, el ministro sin duda tiene muy presente lo que significa la ingeniería. Esa profesión escindida entre el arte y la ciencia, y de cuyos episodios de ingenio está poblada la historia monumental de la ciudad. Y ciertamente, la gestión del ministro viene siendo realmente asombrosa: cuando antes nadie hacía nada en materia vial en la capital, pasamos a ver caer sobre ella una especie de avalancha de “soluciones viales”, el término old fashion con que le gusta llamarlas @HaimanElTroudi.

Por demasiado tiempo sufrimos no poder franquear el río. Desde la cola infernal largamente barajábamos los sitios ideales para los nuevos puentes que darían al traste con los cuellos de botella y conectarían finalmente ambas riberas. Nos los sabemos muy bien. Y rogábamos. Rogábamos por la llegada de un algún moderno pontífice que entendiera la emergencia y nos ayudara a franquearla. Pero soñábamos, también, con los proyectos de esos puentes, con sus sofisticadas estructuras que harían alarde de una nueva belleza técnica y cultural para la ciudad, con las majestuosas obras de arte unidas a sus portentosas fábricas y con los nuevos espacios públicos que se crearían en sus cabeceras norte y sur. Soñábamos, sobre todo, con cruzarlos a pie. Caracas volvería a ser una ciudad pontificia, como otrora, y ello impulsaría el definitivo reverdecer del río.

Pero el ministro, en toda su pasión ingenieril, en todo su fervor pragmático y su acelerada inmediatez, luce como un pontífice demediado. Olvida el otro componente fundamental de su profesión: el arte. Aunque haya acertado en muchos casos en dar con los cruces idóneos, y efectivamente haya mejorado en algún porcentaje la movilidad automotriz, lamentamos su falta de comprensión de lo que significa construir en una ciudad. Hoy, la mayoría de las ciudades del mundo demuelen sus infraestructuras viales e invierten todo en transporte público para privilegiar el disfrute peatonal y la sostenibilidad. Estas cerchas prefabricadas, feas, desangeladas, meramente utilitarias (y afortunadamente, removibles), “resuelven”, sí, pero tratan a la ciudad como si fuera un contexto meramente vial: el de la Troncal 9. Puentes de guerra para Caracas, la gentil. Ingeniería de contingencia, cuando lo que necesitamos es más arte de la ingeniería.

Pero aún puede tener remedio. Justamente porque son puentes de guerra, son puentes temporales, que se instalan mientras se construye el puente definitivo. Preferimos pensar que estarán solo corto tiempo, mientras se comprueba que funcionan en su sitio. Entretanto podemos ir preparando, preferiblemente por concurso público, los diseños extraordinarios de los puentes definitivos, que contarán con todas las bondades urbanas descritas y que deberán ser colocados más alto (ver Puente Los Gemelos, c. 1960), para que no se conviertan en catastróficos diques durante una potencial crecida del Guaire.

2. Una Obra de Arte



Guaire arriba, en el sitio de Barrancas, se levantó una vez un puente. Era la época cuando en Venezuela el arte del ingeniero era más universal, y aún se empleaba la expresión “obra de arte” para designar a las obras de ingeniería. Todos lo conocen por lo que lo adorna en la superficie, pero pocos se han llegado hasta el cauce para conocer su otra belleza: la de su diseño estructural. Al principio fue Puente de las Barrancas; luego Puente Bolívar: hoy se le conoce como el Puente de Los Leones.

Diseñado en 1932 junto con la avenida de La Paz para comunicar las avenidas de El Paraíso, La Vega y la Gran Carretera Occidental, alcanza cincuenta espléndidos metros. Sus cabezales fueron sendas redomas urbanas, con fuentes ornamentales, amplias aceras y bancos públicos, una en Bella Vista, otra en la Vega. Lo apareja una larga balaustrada, recia, sabrosa de recorrer, una especie de ritmado balcón sobre el que se anclaban candelabros de hierro; lo adornan en las puntas los cuatro famosos leones del escultor catalán Angel Cabré i Magriñá.

El arco de concreto del puente en sí mismo es digno de historia aparte, anticipando su forma la de los viaductos que diseñara Eugène Freyssinet para la autopista Caracas-La Guaira. Es esta matemática forma la que logra la suave curvatura, larga y apaisada, que le da tanta belleza, única entre los puentes de la ciudad. El Puente de Los Leones, ciudad ornamental por arriba, esplendor estructural por debajo, es una obra de arte y una bella lección para actuales artífices de puentes y futuros caraqueños pontífices.