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Alexis Alzuru

El Polo Patriótico: ¿leatad o complicidad?

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El presidente reclama silencio y fidelidad a sus seguidores en momentos en los que Jorge Giordani describe los delitos que cometió y delata a sus cómplices. Ese petitorio ofrece un trato de no-persona a los militantes del Polo Patriótico. Pues exigir “lealtad extrema” hacia los jefes del gobierno es como pedirá las víctimas de estupro devoción por sus verdugos. Tal vez por eso las encuestas indican que las bases del Polo Patriótico migran hacia un centro en el cual se han conseguido con los desencantados de la MUD. Aparece una oposición integrada por los indignados de los sectores que se encontraban divididos. Este bloque ya cuenta con 35% del electorado y sigue en crecimiento. Quizás esos números en parte expliquen la reiterada solicitud de lealtad que Nicolás Maduro ha formulado a los oficialistas.

Jorge Giordani no dijo algo que los venezolanos no sospecharan o conocieran. Sólo que los crímenes adquieren espectacularidad cuando sus protagonistas los narran. En general, esas confesiones confirman rumores y recrean detalles insospechados. En este caso, por ejemplo, pocos admitían que Rafael Ramírez ejerce el verdadero poder en Venezuela. Este ministro y presidente de Pdvsa decide en el gobierno y en el PSUV, según dice Giordani. Mientras que Nicolás Maduro es representando como un presidente de plastilina. Por cierto, Jorge Giordani también sugiere que Diosdado Cabello tiene mucho menos poder del que presume. Incluso, se podría concluir que la influencia de este diputado es producto de la publicidad. Su poder es cuento mediático; una mentira que se ha querido vender como verdad. De hecho, no ocurriría ningún cisma en el PSUV si los delegados al congreso ideológico decidieran solicitar su renuncia a la Vicepresidencia de ese partido. Algo parecido sucede con Rafael Ramírez, aun cuando Jorge Giordani admite que es quien manda porque tiene los dólares.

Un burócrata terminó convirtiéndose en la figura más importante del gobierno, por ridículo que parezca. Lo cual no debe ser del agrado del pueblo socialista. En el PSUV no es reconocido como dirigente, menos en el Polo Patriótico. La militancia no lo visualiza como dirigente, según las encuestas. Rafael Ramírez es un funcionario, no un líder. Entonces, ¿por qué los socialistas tendrían que aceptarlo como su jefe? ¿Le otorga autoridad que administre los dineros de Pdvsa sin rendir cuentas a los venezolanos? En fin, Nicolás Maduro debería explicarle a sus electores las motivaciones que ha tenido para cederle el poder a Rafael Ramírez, en lugar de exigirles obediencia ciega.

Rafael Ramírez y Diosdado Cabello crearon una leyenda sobre la necesidad que tendría el Polo Patriótico de mantenerlos en el poder. Sin embargo, esa militancia sabe que los dirigentes se pueden sustituir; en especial, cuando sus nombres se convierten en símbolos de corruptelas. Por supuesto, esa gente también entiende que el reencuentro entre los venezolanos es un asunto clave para relevar a los corruptos de sus cargos. Quizás esa convicción constituya otro de los motivos que han tenido los militantes socialistas para conectar con los millones de opositores moderados.

Las bases del Polo Patriótico tienen más en común con el pueblo demócrata de la oposición que con Rafael Ramírez, Diosdado Cabello o Nicolás Maduro. Es el momento de acelerar el acercamiento que se está produciendo por la base. Una labor que pasa por congelar algunas figuras, derribar algunos prejuicios y redefinir algunos conceptos. Pues radicales de ambos sectores se ocupan de ensuciar el contenido de las palabras para mantener posicionada la tesis de la polarización, cuando lo que ocurre es el peregrinar de una sociedad cada vez más unida hacia la transición.

@aaalzuru