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Juan Marcos Colmenares

Política y humildad

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“Cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser” (Marco Tulio Cicerón)

Cuenta la historia que en la antigua Roma, con la finalidad de honrar al general que regresaba victorioso de tierras extranjeras, se celebraba una espectacular ceremonia denominada “il triumphus” (el triunfo). Esa celebración consistía en una procesión que recorría el camino desde el Campo de Marte situado a las afueras de la ciudad hasta el Templo de Júpiter, en la colina del Capitolio. Durante todo el trayecto el general victorioso desfilaba recibiendo las aclamaciones del pueblo romano, acompañado de un humilde siervo que sostenía una guirnalda de laurel sobre su cabeza mientras le repetía la frase “memento mori” («Recuerda que vas a morir», recuerda que eres mortal). Así le recordaba las limitaciones de la naturaleza humana y su mortalidad, ayudando al héroe a frenar la soberbia, a inculcarle humildad y a no creerse un dios.

La victoria de la Unidad y de nuestra clase política, es propicia para reflexionar sobre la historia anterior y sobre la humildad: Una virtud que tiene quien está consciente de sus propias limitaciones y debilidades, independientemente de la posición económica o social. Una persona humilde no pretende estar por encima ni por debajo de nadie, sabe que todos somos iguales y que nuestra existencia tiene el mismo grado de dignidad. No es soberbia, no tiene complejos de superioridad, ni tiene la necesidad de estarle recordando constantemente a los demás sus éxitos y logros.

Por la MUD votó la oposición, pero también votaron los chavistas descontentos y los independientes que quieren un cambio. Por eso, en las nuevas propuestas debe incluirse a todos esos venezolanos, diseñando desde ya una unidad programática con amplitud y sin sectarismo. La oposición tendrá que saber administrar esta victoria con prudencia, humildad, sabiduría, inteligencia y sensatez, porque todos hacemos falta.

Dirigentes políticos han manifestado que se debe manejar este triunfo con humildad: Chuo Torrealba: El país quería un cambio y lo logró al vencer democráticamente a un gobierno que no es democrático. Una nueva mayoría se expresó, pero no llegaremos a la Asamblea a atropellar a la minoría. En este proyecto cabemos todos, porque es un solo proyecto que se llama Venezuela, la Venezuela unida. Henrique Capriles: Quiero reiterar tres palabras frente a la victoria: humildad, madurez y mucha serenidad. Leopoldo López: Administremos la victoria con humildad y serenidad. Pero no paremos ni un momento en perseguir el cambio definitivo que tanto demanda el pueblo. Ahora toca materializar el cambio político, económico y social que permita al país salir de la crisis. Julio Borges: No puede haber dos Venezuela. No venimos con una factura, no venimos a una cacería de brujas ni a restregarle el triunfo a nadie. Nosotros somos los primeros que estamos asumiendo este triunfo con mucha humildad.

Pero toda regla tiene su excepción. Hay políticos que carecen de humildad, pero les sobra autosuficiencia, arrogancia y soberbia; valores más propios de los autoritarios que de los demócratas, de los reaccionarios que de los innovadores. A ellos sería aconsejable repetirle la famosa frase de la historia anterior usada por Tertuliano (adaptada a Venezuela): “Memento mori. Respice post te! Mulierem te ese memento” (“¡Recuerda que eres mortal. ¡Mira tras de ti! Recuerda que eres una mujer” y no una diosa). Una frase que traspasa el tiempo y el espacio y que una de nuestras mujeres líderes políticos debería escuchar cada mañana como un mantra, para bajarle los humos y situarla en la realidad.