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Antonio Sánchez García

Poleo en diciembre

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Paso raudo por sobre mi escritorio revisando viejos números de Zeta fijándome en la llamativa portada del número 1.932 – una proeza de constancia y porfía analítica de buen periodismo político – que, como si se tratara de un número cabalístico apareció el 13 del 12 del 13. En la portada del balance de las elecciones del 8 de diciembre, tema editorial de ese número, la figura seria y conminativa de un joven líder triunfador de esos comicios, Leopoldo López, sobre un agresivo titular que anuncia tempestades: “Un gran rival para Capriles”.

Digo tempestades pues, por esos mismos días publiqué un artículo llamado “La tormenta perfecta”, en que anunciaba y no en son de presagios de ciencias ocultas sino en el de un elemental análisis de coyuntura que 2014 sería un año crucial, de definiciones y en el que, dada la inexistencia de elecciones, la MUD se acomodaría en su invernadero y la crisis social y económica reventaría en el rostro de los encargados de la satrapía por vía directa, sin mediación de los partidos políticos tradicionales. Y, desde luego, por sobre las cabezas de un liderazgo estructural, medular, culturalmente incapacitado para enfrentar tempestades de la magnitud de la que avizoraba. Al extremo que anticipé un profundo reacomodo de las fuerzas políticas, a lo cual un gran novelista margariteño me preguntó vía Twitter si lo decía en plan nigromántico o analítico, y a quien le respondí que esperara al desarrollo de los acontecimientos. Allí están desarrollados: sobre la mesa.

¿Qué venía a decirnos Rafael Poleo en su enjundioso “Informe político después del 8-D”? En primer lugar, que el gobierno se encontraba frente a una descomunal e irreparable crisis financiera y la oposición salía de las elecciones con visos de mayoría. “De lo anterior pudiera deducirse que estamos frente a un cambio político: pues sí estamos. Pero podemos quedarnos parados frente a él como frente a una enorme puerta blindada cuya combinación no conocemos. Los proyectos políticos individuales y la venalidad de algunos políticos importantes son la causa de esta parálisis que puede determinar la permanencia de uno de los regímenes más primitivos del planeta, éste que por ahora el señor Maduro conduce conforme a un plan o diseñado en La Habana”.

Luego de una acertada descripción de los dos grandes bandos que se enfrentan en el interior del régimen, Poleo tropezaba con “el hecho más desagradable e incómodo: que Capriles se las ha arreglado para aislarse en el círculo de sus amigos personales (sic)”, mientras la MUD quedaba guindando de un cacho. Y ante lo cual, a falta de una auténtica reformulación “cabe la posibilidad de que no traspasemos la puerta hacia la libertad arriba mencionada, pero sí cambiemos de caballo.” ¿Quién podría ser ese caballo?  “Como caballo nuevo en estas elecciones emerge Leopoldo López”. El mismo que, en previsión de su accionar a favor de la salida del régimen, ha sido aherrojado en Ramo Verde. ¿O vamos a creer que está preso por otra cosa que no sea su irrevocable decisión de enfrentarse a la dictadura de la única forma posible: mediante una insurgencia? ¿Y no esperando sentado a que pase el cadáver del sátrapa, caso en el cual disfrutaría de la mayor libertad del planeta? Nadie puede alegar desconocimiento de causa: la dictadura juega con las cartas sobre la mesa. Otra cosa es que los tahúres que hacen como que lo adversan sean ciegos.

No tengo más que inclinarme ante la perspicacia del polémico editor de Zeta, pues sin decir agua va anticipa lo que por entonces sólo había sido débilmente propuesto por dos de nuestros políticos tradicionales, Henry Ramos y Eduardo Fernández, a quienes en un artículo que publiqué en Debate Final, el suplemento político que por entonces dirigía y publicaba inserto en el semanario Sexto Poder, me referí en mayo de 2013: “El diálogo” (‪http://ln.is/www.el-nacional.com/kmlAG … vía ‪@ElNacionalWeb). Centrado en una idea básica: bienvenido el diálogo, pero no nos hagamos ilusiones: el castrismo no dialoga, sino para entronizarse. Decía Poleo el 13/12/13: “Todo esto desemboca en el diálogo, antesala de un acuerdo político que el gobierno desesperadamente necesita para impedir que la oposición capitalice la rebelión social”. Para de seguidas poner el dedo en la llaga de una herida que hoy supura, a cinco meses de escrito su premonitorio análisis: “¿Por qué Maduro, experto en zalemas, se muestra tan grosero, cuando a su situación eso no cuadra? Porque apuesta a la históricamente demostrada debilidad moral de los políticos de la cuarta república supervivientes en la MUD, aquellos jóvenes de hace quince años en cuyas manos se perdió la democracia. ¿Y si aunque sea porque los están mirando, esos delincuentes históricos prematuramente envejecidos no aceptan la grosería del bigotudo agonizante? Para eso José Vicente, quien ha creado la coartada de que hay que ponerse de acuerdo porque si no vienen los militares, argumento feble pero argumento al fin, a cuya sombra los bellacos irán pasando y sentándose a la mesa, que hace hambre”. A cinco meses de escrito su análisis, han pasado y se han sentado. Así el condumio se haya congelado.

Como era lógico y cuadraba a la perfección al futuro que Poleo avizoraba en diciembre pero sin terminar de darle la concreción histórica del 12/2/14, porque es analista político, no nigromante, no sería “la oposición”, genéricamente considerada, ni muchísimo menos la de los “supervivientes en la MUD, bellacos y delincuentes prematuramente envejecidos en manos de quienes se perdió la democracia” la que vendrían si no a capitalizar el descontento social, por lo menos a darle vía libre de expresión hasta cambiar en 180 grados las coordenadas políticas en las que hoy nos encontramos. Pues exactamente a dos meses de publicado su análisis, el 12 de febrero de 2014, “el caballo nuevo” de nuestra constelación política, “el rival de Capriles” – Poleo dixit – convocaría a una gigantesca movilización popular que sacudiría – y para siempre – las bases de sustentación sobre las que cohabitaban Maduro y la MUD. Los golpistas de 4F y los añejados prematuramente, en cuyas manos se perdió la democracia.

Sin siquiera imaginarse la dimensión del horror que tal cohabitación podría llegar a provocar, Poleo en diciembre se hacía portavoz de un futuro que golpeaba a las puertas, ante la indiferencia, la sordera y la miopía de unas élites fracasadas, corresponsables de la tragedia que sufre la Nación:

“Y no es que uno esté en desacuerdo con el acuerdo. Antes por el contrario, siempre hemos repetido que este país de todos tenemos que hacerlo todos y que no nos queda sino convivir, porque los demócratas no podemos comernos a los chavistas ni viceversa. Pero la base del acuerdo es el regreso a una plena vigencia de los derechos humanos, que si no, lo propio es sentarse a la puerta de la tienda a esperar que pase el cadáver del enemigo. La silla no llegará calentarse. Es lo que yo haría o más bien lo que en efecto estoy haciendo”.

Era Poleo en diciembre.

@sangarccs