• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Podredumbre

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El principal operador político del régimen recomendó antes de las votaciones municipales que, fuese cual fuere el resultado, una y otra mitad del país deberían sentarse a conversar y llegar a acuerdos para frenar el colapso total de la nación. Está a la vista la profunda crisis económica, la terrible descomposición social –de la cual los índices de inseguridad y de violencia son apenas la puntita del iceberg– y los fracasos en el área educativa.

La frase de Albert Einstein de que solo un loco puede creer que con la receta del pollo en brasas podrá obtener un helado de mantecado se ha tornado una práctica común, y se ha pretendido repetir las fórmulas que han llevado a Cuba a ser uno de los países más miserables del planeta como la vía para convertir a Venezuela en una potencia mundial. Ya te aviso, chirulí.

Obviamente, quienes detentan el poder en la isla han sido exitosos en mantenerse en el poder a costa de hambrunas, fusilamientos, pérdida de la libertad, atrasos en todas las áreas de la ciencia, crecimiento exponencial del analfabetismo funcional, desaparición de los tesoros artísticos, embotamiento cultural y demás calamidades que sufre la población que está limitada a una cartilla de racionamiento, no a cuarenta como cada miembro de la nomenclatura y la familia castrorreinante.

El operador sabe que para que haya diálogo entre los que gobiernan y los que se oponen a que el país se hunda en la catástrofe socialista, unos, los que imponen la receta de la miseria general, deben reflexionar y darse cuenta de que ese no es el camino del progreso; los otros también deben entender que no se están enfrentado con otro mal gobernante, sino que se trata de un proyecto que tiene como fin la demolición de la democracia, del sistema de libertades, pero que se ha ganado el favor de la mitad de la población porque ha intentado políticas de inclusión, ha atendido a sectores sociales que las estadísticas mantenían ocultos. Que sus maneras y métodos sean cuestionables, perversos, es otro asunto.

Venezuela tiene los recursos y potencialidades para alcanzar en poco tiempo niveles de vida similares a los que hoy disfrutan países que estaban hace unos años más atrasados y padecían problemas más graves. Ahí está Brasil y también Costa Rica, no hablemos de Noruega. Duele que los jóvenes se vayan al exterior porque aquí se les cierran las puertas; no solo con el apartheid ideológico, sino también porque todo emprendimiento que huela a “capitalismo” inmediatamente es bloqueado y satanizado, porque los obligan a conformarse con las limosnas que les ofrece el Estado y la mediocre vida que les garantiza. Los radicales de uno y otro bando siguen la misma consigna implícita en la guerra a muerte: nos jodemos o fracasamos, simple podredumbre intelectual. Vendo libro del perdón y del arrepentimiento.