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Pedro Llorens

Poder sangriento

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México es un país de caudillos, a todos los niveles, que entran y salen, suben y caen (a veces se atornillan), en medio de grandes manifestaciones de violencia, muchas veces generada desde el poder… y matanzas como la de los 43 estudiantes masacrados en Iguala, estado de Guerrero, son legados de una historia ruda que, a diferencia de la nuestra, no ha sido dulcificada por intelectuales y gobernantes hasta convertirla en las babosas interpretaciones del líder supremo, empeñado en hermanar a los protagonistas con los mentecatos que nos gobiernan.

El premio Nobel Octavio Paz sostuvo que los aztecas “fueron unos bárbaros devastadores que crearon una civilización, si puede llamarse así, sanguinaria, centralista, ferozmente autoritaria… y la glorificación del México-Tenochtitlán fue una aberración: los españoles malbarataron lo que de positivo hubiera podido tener la destrucción del espíritu, la mentalidad y el poder azteca en lugar de unir aquella bestialidad con otra de signo muy distinto pero tampoco muy edificante”.

Mariano Azuela, médico rural incorporado al ejército de Pancho Villa con rango de teniente coronel, es conocido como el novelista de la revolución porque inició el género y produjo veintitantos títulos además del clásico Los de abajo, con poco de novela y mucho de testimonio, sin esconder la crueldad con la que actuaban sus protagonistas:  

A poco de estallar la revolución, Francisco Madero es depuesto y ejecutado (1913) por un movimiento contrarrevolucionario y al final de la misma se producen los asesinatos de Emiliano Zapata (1919), Francisco Villa (1923) y el derrocamiento y muerte de Venustiano Carranza (1920) por Álvaro Obregón, el primer caudillo de la revolución “institucionalizada” (tenía en su haber la muerte de 46 generales revolucionarios en consejos de guerra sumarios), asesinado en 1928.

La guerra de Plutarco Elías Calles contra 50.000 “cristeros” en armas (1926-1930) costó 70.000 vidas, con hechos de sangre increíbles como el acribillamiento de los fieles que salían de misa en Coyoacan.

Todo era posible en el llamado México bronco, de finales de los veinte, en el que un día se fusilaba a 25 generales, al día siguiente a 150 civiles y al tercero se ejecutaba una sangrienta matanza de opositores vasconcelistas… resucitado en infinidad de ocasiones por mandatarios y caciques como ocurrió con la masacre de Tlatelolco (1969) y el crimen del candidato presidencial del partido oficialista Luis Donaldo Colosio (1994) supuestamente por orden de otro aspirantes.