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Antonio Pasquali

El “Plan de la Patria”: la violación postrera

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La degradación del país se aproxima a una fase crítica, deja barruntar desenlaces de resultados flotantes, capaces de reforzar tanto la utopía libertadora de la disidencia como la ideología y perpetuación de la autocracia.

El ánfora de Pandora que Chávez abrió para que la mitad del país se lanzara contra la otra ha acumulado terribles resacas: 24.000 asesinatos en 2013, moneda chavista en perdición de 380%, inflación anual de 56% (Colombia 1,2%), destrucción del aparato productivo, turismo reducido a una décima, crisis energética endémica, sistema sanitario en ruinas, Venezuela a la cola en demasiadas estadísticas mundiales, 1.600 militares en los ganglios de la administración civil, cero amnistía para presos políticos, telecontrol castrista del país y control de contenidos en televisión (fase final del hegemonismo), carencia sistémica de bienes y servicios de todo tipo –con grave escasez alimenticia de vistoso iceberg– que está silenciosamente llevando el país a la atonía de su modelo cubano. Un cuadro preagónico que la canallesca retórica del régimen presenta como edénico en sus orwellianos discursos de “suprema felicidad social”, “paz” y “amémonos”, entre payasadas de desarme, inexistentes “guerras económicas”, cuasi saqueos preelectorales, insidiosas sugerencias de “diálogo” y teatrales cambios de gabinete.

Entre tanta urgencia para sobrevivir ha pasado casi desapercibida la aprobación en Asamblea del “Plan de la Patria, segundo plan socialista de desarrollo”. Lo pergeñó Chávez en persona como reacción a “la victoria de m…” de la oposición en 2007, cuando el país le negó el permiso de desfigurar la Constitución con ingredientes comunistas. Anunció que seguiría gobernando con base en sus reformas derrotadas (cumplió) y, dejando tal cual la Constitución tantas veces violada, comenzó a redactar otra paralela mimetizada bajo el término de “Plan” y aprobada post mortem el 3/12/2013 con carácter de “obligatorio cumplimiento”. Quienes minimizan su relevancia se equivocan: el chavismo logró reintroducir por el atajo de la Asamblea lo que el país había echado por la borda referendaria; desde el pasado diciembre la Constitución de 1999 quedó para ceremonias y citas, el Ejecutivo viene ejecutando el Plan de la Patria.

Véase, por ejemplo, lo resaltante del segundo de sus cinco grandes objetivos: “Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI… como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo”. Para lograrlo el Estado perseguirá “una nueva hegemonía ética, moral y espiritual”, propulsará “la transformación del sistema económico… en un nuevo metabolismo (¡sic!) para la transición al socialismo”, garantizará “la participación del pueblo… para afrontar cualquier escenario que se origine como consecuencia de la guerra económica” (¿legalización del saqueo, de la guerra civil?), “fortalecerá la planificación centralizada”, coordinará “de manera centralizada el plan… de toda la política social”, desarrollará un “Currículo Nacional Bolivariano… y programas permanentes de formación sociopolítica… fomentando el desarrollo de una nueva ética socialista”. Tómese esto en serio, Cuba inspiró y respalda. Cotéjese con la Constitución vigente, la respetada que no se cumple.

Vivimos una tenebrosa situación política, análoga a patológicos casos recientes de serial violators que terminan asesinando las víctimas previamente secuestradas para violarlas a su antojo. Chávez blandía mucho el librito azul de la Constitución que había secuestrado para infringirla, casi no quedan en ella artículos de relevancia que el chavismo no haya transgredido. Fallido en 2007 el intento de desfiguración radical, el recién aprobado Plan de la Patria es la violación postrera que deja en la arena política el cadáver de la carta magna de 1999, la de la “solidaridad”, de los “derechos humanos”, del “pluralismo político”, de la “propiedad privada”, de la “alternabilidad” y de la “comunicación libre”. Que nadie finja no ver el cadáver.

apasquali66@yahoo.com