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Alexis Correia

Las que Pilatos lavó

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Con nuevas contribuciones al refranero popular (“más pelúo que verbena e’ rastafari”, “más feliz que el asiento del carro de Chiquinquirá Delgado”, “más unidos que cambures de cerámica” o “más aburrido que Rambo en película de Disney”) arrancó El show del vacilón en Venevisión (martes a viernes, 7:00 pm). Es uno de los programas que apareció como reacción al jalón de orejas de Conatel, que en enero exigió menos seriados extranjeros y más producción nacional.

Conducen Wilmer Ramírez y Luis “Moncho” Martínez. Como es de suponer, el ritmo casi diario deriva en sinónimo de inversión mínima. Hijo no planificado de una noche loca de ¡Qué locura! y ¡A que te ríes!, en El show del vacilón hay un poquito de todo: cámara escondida, sketchs, chistes cortos, algo que se quiere parecer al stand-up comedy, entrevistas e improvisación.

No me atrae el humor que consiste en tender inocuas emboscadas cada vez que alguien comete el gravísimo error de decir “cabeza”, “huevo”, “pájaro”, “leche”, “mamá”, “pelota”, “chiquito”, “prensar”, “coger”, “delante”, “detrás” o “pirulo”. No es una discusión sobre superioridad moral: simplemente no me causa risa. Me ha enternecido toparme con juegos de palabras que tenía décadas sin escuchar, como aquello de “el exorcista… ¡exor-ci-está gordo!” o “Pilatos lavó las de él”. Tengo que decir, no obstante, que no todo en El show del vacilón me ha resultado desechable.

Ramírez y Martínez no pasarán a la historia como entrevistadores, pero debido al ambiente distendido los invitados que han pasado por El show del vacilón han dejado buenos ratos. Kerly Ruiz sorprendió como toda una tigra para el doble sentido, y no le quedó mal.

Osmel Sousa, no sé si espontánea o planeadamente, le dijo en la cara a la “comediante” Sabrina Salemi (alguna vez Miss Dependencias Federales 2002) lo evidente: que su presencia en pantalla es un atentado contra cualquier concepción sana o armoniosa sobre la belleza. “Te hiciste muchas más cirugías de las que te mandé yo”, le recriminó. Divirtieron también Dora Mazzone, María Antonieta Duque, Federica Guzmán y Sindy Lazo, a la que le soltaron que era “más fácil que la tabla del uno”.

Aunque no es una competencia verdadera ni siempre funciona, el concurso de improvisación con el que generalmente cierra El show del vacilón ha tenido instantes realmente brillantes, sobre todo cuando los comediantes o invitados inventan situaciones con objetos como raquetas, sombrillas, escobas o palos de hockey. En la cámara escondida, los muñecos diabólicos Chucho, Chepa, Paquito y Ricitos, miembros de la Familia Feliz, representan una alternativa vernácula muy válida al Chucky importado últimamente tan invocado por el presidente Maduro.

En los sketchs, Carlos “Rafucho” Rodríguez, mal que bien, parece llevar siempre un paso adelante con personajes como Chacabó, el bebé que siempre dice la verdad. Otro que sale de la medianía es Juan Carlos Barry con la comedia slapstick del Terrible Machín, maleante que mete miedo hasta que se escucha su voz.

Lamentablemente el venerable Ariel Fedullo no ha tenido el mismo acierto con el vendedor Yamamoto. Tampoco Chepo y Chato, los chismosos de farándula de Wilmer Ramírez y “Moncho” Martínez. Honorio Torrealba (hijo) debe desarrollar más su personaje del malandro incapaz de contar un chiste sin soltar una obscenidad.

Del personal femenino, la más destacada es Mayra Goncalves. Yolenny Salazar ha sorprendido con algunas selecciones de vestuario mínimamente elegantes y pudiera tener cierto potencial al compararla con esa hipertrofia viviente llamada Sabrina Salemi.

En Twitter: @alexiscorreia.