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Marianella Salazar

J. G. Pilatos Vielma Mora

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Es cuestión de tiempo, aunque Maduro patalee y diga que no va a renunciar su salida está cantada. Con los violentos acontecimientos que arrojan un lamentable saldo de muertos, heridos, torturados, detenidos y desaparecidos, la situación ha tomado un giro inesperado, el pueblo está en rebeldía y se ha producido un verdadero movimiento de resistencia a escala nacional.

Han sido quince años de arrechera contenida. Demasiados. Eso explica las acciones que se toman en las comunidades de trancar calles y hacer caso omiso al llamado de alcaldes y dirigentes políticos que quieren impedirlo. El hartazgo ha llevado a mucha gente a restearse a pesar de la despiadada represión y la presencia de los grupos armados paramilitares dispuestos a cometer cualquier crimen por la revolución.

Los extemporáneos llamados al diálogo de Nicolás Maduro son patéticas patadas de ahogado; las razones esgrimidas por los líderes del movimiento estudiantil para no sentarse con el gobierno hasta que no sean investigados los responsables de las muertes, espeluznantes torturas y detenciones arbitrarias son argumentos más que contundentes que debieron influir en el gobernador Capriles para no caer de nuevo en el juego “pacificador” de Miraflores.

El país se muestra ingobernable, cambiar a Nicolás Maduro y su gobierno genocida se ha convertido en  una imperiosa necesidad, es algo que se ha venido analizando en el Alto Mando Militar desde hace meses, donde se  han manejado varias opciones para una transición. En mi columna del 27 noviembre pasado –“Antimadurismo en pleno desarrollo”– expuse cuáles eran los escenarios suministrados por fuentes de inteligencia militar, entre ellos estaba, o está, el de una junta cívico-militar presidida por José Gregorio Vielma Mora, porque lo ven como el hombre que tiene condiciones para obtener un consenso tanto en el chavismo como en algunos sectores de la oposición, pero él no estaría interesado en una transición, sino en su candidatura presidencial.

Por eso, no deberían sorprender las declaraciones suministradas ayer por el gobernador del Táchira deslindándose de la represión en su estado y rechazando los excesos de los cuerpos de seguridad, y admitiendo como un error –que atribuyó exclusivamente al gobierno nacional–, el militarizar y ordenar vuelos rasantes de aviones de combate sobre la ciudad de San Cristóbal.

Vielma Mora sabe que en Táchira se han cometido crímenes de lesa humanidad y se ha violado el Estatuto de Roma, por eso se lava las manos como Poncio Pilatos y trata de eludir cualquier responsabilidad en los graves sucesos, pide perdón y aboga incluso por la libertad de los presos políticos, entre ellos Leopoldo López y el comisario Iván Simonovis, interpretando el sentimiento de toda la oposición y de gran parte del chavismo. Estamos frente a un estratega militar que no está solo, hay un grupo importante de gobernadores militares que apoyan a Vielma Mora. En cualquier momento se esperan otros pronunciamientos en respaldo a sus planteamientos, entre ellos –según nuestras fuentes– estaría el gobernador de Portuguesa, teniente coronel Wilmar Castro Soteldo, que ha tenido internamente posiciones críticas que difieren de las de Maduro y Cabello. Esta podría ser la salida. Aunque por la puerta de atrás.


Tic tac


Dato a Vielma Mora: el sábado pasado por la Base Aérea Mayor Buenaventura Vivas, en Santo Domingo, aterrizó en horas de la tarde un avión C-130 conteniendo 118 motos de alta cilindrada y varias tanquetas para continuar la implacable represión contra los gochos.