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Antonio López Ortega

Piedras fundacionales

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Al cabo de tres lustros, con contadas excepciones, estos tiempos se recordarán como los de piedras fundacionales esparcidas por todo el territorio nacional. Piedras fundacionales, debe entenderse, como asomos de realizaciones, como deseos nunca cumplidos. Y las hay para todo tipo de proyectos: parques eólicos, segundos puentes sobre el lago de Maracaibo, ejes Orinoco-Apure, lagunas para el esparcimiento en La Carlota, Guaire con agua potable, autopistas, refinerías, metros y metricos.

El temporadista que llega a Margarita por el aeropuerto Santiago Mariño, apenas sale y avanza un kilómetro por la autopista que lo lleva a Porlamar, encontrará a su izquierda una valla enorme en la que, de perfil, el primer magistrado nacional anuncia el Parque Eólico Macanao: la valla ya trae el paisaje del futuro, porque detrás del rostro ya aspean las grandes hélices aerodinámicas con un fondo crepuscular que no puede ser sino rojo.

Igual impresión se tiene en Los Caracas, rebautizado como la "Ciudad de los Niños" poco antes del deslave de 1999: del sueño alado sólo queda la señalética de Jorge Blanco, famoso autor de "El náufrago", renombrando albergues, jardines y piscinas comidos por la maleza. Nunca la palabra había valido tan poco.

Si se hubiera hecho más y hablado menos, si se hubieran anunciado las cosas después de terminarlas, si en vez de avances se hubieran mostrado logros, quizás el contraste no hubiera sido tan de ópera bufa. Pero al cabo de tantos años, que según las cuentas del pasado hubieran equivalido a tres gobiernos o períodos presidenciales, es inevitable no ceder a la risa, o a la tristeza, o más bien al sentimiento de burla. Porque o se han burlado de nosotros o esta gestión ha sido infinitamente desacertada o ineficiente. ¿Quién contabilizará algún día los niveles de malversación, de desviaciones, de dinero puesto en disparates? ¿Quién enumerará con dolor los picos de ingresos que esta economía petrolera produjo para dilapidarlos en piedras fundacionales o para vertirlos en las cuentas privadas de la nomenklatura tropical? Es el bochorno, sin más, o es la borrachera, o es el acto de estafa pública más escandaloso que hayamos tenido en nuestra vida republicana.

Las palabras se quedan cortas porque las palabras se han degradado, vejado, vilipendiado, para decir con ellas cualquier mentira, para nombrar cualquier estafa, para apellidar cualquier negocio truculento. La renovación política pasa también por una renovación moral, y no podría haber renovación moral sin rebautizar las palabras, para que signifiquen lo que mientan o para que digan lo que quieren decir. Ángel Rosenblat hablaba de "buenas y malas palabras", pero en estos lustros sólo hemos contado con las malas, hoy convertidas en groserías, vulgaridades o insultos. El lenguaje destrozado. El sermón destrozado.

Las piedras fundacionales son las señales visibles de un engaño. Decir que se va a hacer sin hacer, prometer sin cumplir, anunciar sin concretar.

Son las palabras huecas de los hombres huecos. En términos de Capital Social, esta falacia nos lleva a un indicador nulo, sin valor, porque toda sociedad moderna se mide en función de los acuerdos entre sus pares, acuerdos que se hacen con palabras.

"Te doy mi palabra" es como decir "esto vale, esto tiene sentido, se me va la vida en lo que estoy prometiendo o en lo que voy a cumplir". De las piedras fundacionales sólo nos quedarán las piedras, horadadas por el viento, porque de fundaciones nada. Nadie ha fundado nada donde sólo piedras hay.