• Caracas (Venezuela)

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En la década de los años setenta del siglo pasado emergieron varios eventos de singular importancia para Venezuela, en lo que refiere a su principal fuente de ingresos. Por una parte, la crisis energética, relacionada directamente con la guerra de Yom Kipur (enfrentamiento bélico entre Israel y los países árabes de Egipto y Siria, en el año 1973), la cual propició el "primer shock petrolero", cuando el precio del barril del petróleo pasó de 2 a 12, hasta los 32 dólares. Adicionalmente, el fortalecimiento de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo, OPEP, y la nacionalización de la industria petrolera en el año 1974, que permitió al tesoro nacional obtener un mayor monto de dólares proveniente de la renta petrolera. Por ejemplo, de los casi 3.000 millones (MM) de dólares que ingresaban al Banco Central de Venezuela en el año 1973, para el año siguiente la cifra se triplicó, al ubicarse en 9.300 MM de dólares, hasta alcanzar en el año 1982 los 79.315 millones de dólares.

En estas condiciones, el signo monetario venezolano, "bolívar", en un corto periodo de tiempo pasó a estar respaldado por mayor cantidad de dólares, e incluso se estableció una relación de 4,3 bolívares por cada divisa estadounidense: fortalecimiento ficticio debido a que no estaba soportado por una producción diversificada, productiva y sustentable. Además, esta época de "bonanza petrolera" de la "Venezuela saudita", o del "¡ta' barato!, ¡dame dos!", proyecta con fuerza la "crisis de la deuda externa", al endeudarse el país de forma irresponsable (con complicidad de la banca internacional) por un valor que superó los 25.000 millones de dólares (se sumaban al pote de los "petrodólares" para gastar y gastar a "mano rota").

De tal suerte, que por cada 100 bolívares del presupuesto de gasto público, más de 90% del origen de los fondos venían del petróleo y de la deuda contraída; sin embargo, sus aplicaciones "prioritarias" estuvieron destinadas al "pleno empleo" en mano de obra nacional y extranjera, pero a su vez en trabajos improductivos, y al fomento de inversiones destinadas a anclar mucho más la economía de ensamblaje, consumista o al comercio con países vecinos. No está de más recordar los miles y miles de venezolanos que se desplazaban a Miami, Estados Unidos y Cúcuta, Colombia, para aprovechar las ofertas de bienes y servicios, gracias al "bolívar fuerte", que propiciaba en la práctica el contrabando de extracción o "bachaqueo", desde esos países hacia el nuestro: con las repercusiones desfavorables del caso.

En la actualidad reaparecen con fuerza los desequilibrios y la crisis de valores. El agravante: un "bolívar débil" ante una carencia de dólares. Situación percibida por la sociedad en general, que no tiene vuelta atrás, hasta que el Ejecutivo nacional no rectifique su política económica. Ante el flagelo de la inflación, la opción urgente que se está asumiendo, para protegerse de la pérdida del poder adquisitivo y de la descapitalización patrimonial, es adquirir un bien duradero (tal como un vehículo) o dólares, pero la realidad indica que están en absoluta escasez. Así que la alternativa viable se dirige hacia la compra de una moneda fuerte como el peso colombiano. De esta forma, pudiera estar adelantándose un proceso de "pesolización" o de "pesolizar" (permítanme acuñar el término) la economía, es decir, la compra masiva de pesos colombianos como una forma de resguardarse ante la anulación de las funciones del bolívar: reserva de valor, unidad de cuenta y medio de pago.

No es casual, entonces, que en las últimas semanas en Colombia, mientras el tipo de cambio peso colombiano con respecto al dólar ha venido apreciándose, ubicándose por ejemplo el día 27-05-2015, en los 2.542,53 pesos por 1 dólar, por otra parte, la relación oficial en Venezuela se encontraba en ese mismo día en 6,30 bolívares por 1 dólar, o el dólar Simadi en 199,0620 bolívares. Circunstancias estas que "invitan" a comprar la moneda fuerte del peso, debido a las bondades que ofrecen las comparaciones "oficiales" con la realidad cambiaria: i) 2.542,53 / 6,30 = 403,58 pesos por cada bolívar; o, ii) 2.542,53 / 199,0620 = 12,77 pesos por bolívar.

Pedro Morales. Docente universitario

pmoral@unet.edu.ve

@tipsaldia