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José Rafael Avendaño Timaury

Pertinencia

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Debo manifestar mi conformidad plena con las palabras vertidas por el Presidente de la Asamblea Nacional. El contenido del discurso debe ser leído con tranquilidad. Ponderarlo de manera adecuada y proceder en consecuencia. Lo sustantivo, en mi criterio, radica en una declaración de principios ductora para la conformación de la estrategia y táctica adecuada a ser aplicada en el primer semestre del año. La podríamos resumir así: “…Acordamos que en un lapso de seis meses cambiaremos el gobierno por vía constitucional. Eso haremos…”. Planteamientos similares he oído de Julio Borges, Leopoldo López y otros.

Las vías constitucionales para lograr el cometido están señaladas en la Constitución Nacional (Revocatorio, Constituyente, modificaciones permisibles al texto etc.) de manera clara y todas son susceptibles de ser intentadas. Para así obtener el resultado deseado por más del 80% de la ciudadanía en la actualidad. Debemos entender a cabalidad la situación puntual que nos agobia, con realismo alejado de cualquier atisbo de facilismo complaciente. Solo así deduciremos a cabalidad la Crisis Nacional que nos agobia.

El gobierno, por su parte, declaro a través de la primera “sumariadora” que el oficialismo había obtenido una clara victoria en la instalación de la nueva AN. El triunfo consistía en que habían hecho valer la decisión de la sala electorera del TSJ. Sin proponérselo ratifico el sumario del sainete montado: Las Salas Constitucional y Electoral del TSJ actuando en pleno desarrollo para golpear al Poder Legislativo; encargándose de efectuar el juego sucio diseñado por el ejecutivo. También el ministro de la defensa (¡Por más que se tongonee, siempre se le ve el bojote!) anunció que la Fuerza Armada no podía constituirse en intérprete de las decisiones judiciales. (Veremos entonces hacia donde se inclina la balanza armada constitucional cuando se produzca el inevitable choque entre los pocos magistrados electos con infame dedo; ilegítimos todos, contrastados con más de un centenar de diputados escogidos por la voluntad popular). Lo que se espera del ratificado ministro es que simplemente actúe con sindéresis y de manera constitucional.

Aceptada la premisa estratégica (cambio de gobierno por vía constitucional en seis meses) debemos abordar la táctica a emplear para lograr el objetivo. No tengo duda alguna en que el poder legislativo debe avocarse con dedicación plena al uso de sus facultades sin limitación alguna. Pueden legislar, controlar y realizar todos los actos políticos comunes. El diseño de la actividad parlamentaria ajustada y diseñada por la MUD debe comenzar de manera acelerada y en este aspecto cuenta con un indudable apoyo nacional. Coadyuvar, desde el ámbito de sus competencias, al logro de la solución de la crisis en sus aspectos indivisibles: económicos políticos y sociales. Entendiendo que la solución definitiva de los mismos es solo posible mediante el cambio de gobierno. ¡Así debe reiterarse! Para esto, en mi criterio, existen sólo dos vías: Referéndum Revocatorio o renuncia de Maduro. De las dos solamente una depende de la oposición. Entonces, sin menoscabo de la agenda parlamentaria anunciada, es necesario implementar la ineludible acción política del revocatorio al término de la distancia.

El cambio de gabinete y el cacareado Plan Económico anunciado por Maduro es más de lo mismo: ¡inútil para resolver la crisis! Solo busca obtener oxígeno para sobrevivir a la ineludible muerte anunciada del actual gobierno incapaz y corrupto. La explicación no requiere de sesudos análisis. En seis meses se pueden cumplirlos requisitos necesarios para la consulta electoral. El CNE, remozado y cabalmente constituido, puede dirigir de manera apropiada el proceso. Obviando todas las artimañas conocidas y aplicadas en el primer referéndum. Nuestra cultura de identificación personal ha sido infamemente probada en los mercados públicos y privados implementada para mendigar los alimentos y medicinas.

Esta actividad es de mero carácter político. Para realizarla debidamente la MUD debe abrirse a otros sectores y personas para consolidar la causa común con mayor amplitud. Debe coexistir un equipo político ampliado y ágil conformado para esta acción de manera independiente, pero mancomunada con la actividad parlamentaria. No debe existir causal de estorbo entre la una y la otra. Los remeros pueden hacerlo de manera concertada hacia la dirección establecida.

Consolidada la factibilidad de la hipótesis es necesario abordar sin complejo alguno otros aspectos insoslayables que pudieran generar urticarias en algunas pieles sensibles de la dirigencia opositora. Como lo planteado estratégicamente es la consolidación de ¡un nuevo gobierno ya! (En seis meses. Constitucionalmente, pacíficamente y de manera electoral) se hace necesario plantear diáfanamente los modos y las formas pertinentes. Si el acto revocatorio se produce a más tardar el 5 de julio, o en fecha cercana, el resultado será la convocatoria a una nueva elección presidencial cuyo mandato culminaría el actual periodo presidencial. Esta afortunada circunstancia, en mi criterio, permitiría dos logros importantes: La escogencia de un candidato presidencial electo de manera consensual que se aboque a iniciar la recomposición del Estado desvirtuado y pervertido por la gestión oficial en más de tres lustros. Dirigida la gestión presidencial a iniciar el proceso de reordenamiento de la economía; haciéndola prospera y alejando la hambruna. Consolidando un Poder Judicial idóneo; apartado de cualquier desviación para garantizar el pleno estado de derecho con el establecimiento de la ineludible paz social y con el funcionamiento sin gríngolas de los demás poderes constitucionales. El retorno definitivo de la Fuerza Armada Nacional a los cuarteles (no solamente de “invierno”).  ¡Es perfectamente factible y deseable redactar un Pacto solemne con los enunciados y propósitos establecidos!

Este eventual gobierno provisorio constituye una verdadera “transición constitucional”.No excedería el actual periodo. Despejaría el camino para que los dirigentes oposicionistas Capriles, López, Falcón, Ledezma, Rosales etc.; quienes han asomado sus legítimas pretensiones, además de algunos otros que in pectore mantengan la expectativa. Luego de dos años de necesaria y aconsejable espera propicia para atemperar los ánimos; a todos, se les facilitaría la oportunidad de ejecutar la opción objetivamente a través del disfrute de una plena normalidad republicana.

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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