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Sergio Monsalve

¿Perdidas en el espacio?

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Zodiac fue un enigmático e indescifrable crucigrama. Red Social desarmaba, con un verbo filoso, el rompecabezas de Facebook.

Seven es la quintaesencia del terror posmoderno. The Game juega a reescribir las leyes del suspenso conspirativo, de Hitchcock a Mamet.

El Club de la Lucha apostaba a derribar los cimientos del sistema, pero paradójicamente valiéndose de sus estrellas, armas, estrategias de mercadeo y métodos de producción. Ejemplo clásico de la contracultura como negocio.

Entonces, ¿a dónde apunta la nueva cinta del mismo director, Gone Girl? Según la perspectiva de cada quien, puede ser una obra lograda o fallida de su autor. Hay críticas positivas y negativas, por doquier, con argumentos razonables.

En lo personal, la ubico en el mero centro de la filmografía del realizador, entre lo mejor y lo peor de David Fincher, como Interestelar para Nolan.

En ambos casos, el texto subrayado se traga a la forma. Una por blanda. A la otra por su calculado ejercicio de amoralidad. Las dos comparten problemas de guion.

En la aventura espacial de 2014, los personajes son marionetas obligadas a explicar y verbalizar cada una de las acciones.

El diálogo ofrece una versión masticada de la teoría de la relatividad, la ley de Murphy, la yuxtaposición de los planos temporales, la paternidad responsable, la fuerza del amor para garantizar la supervivencia de la especie, por encima de los criterios rígidos de la ciencia y la racionalidad.

El producto aspira a volar a la altura de los grandes del género: Kubrick, Tarkovski, Spielberg y Zemeckis.

No obstante, el filme carece de la ambigüedad de 2001: odisea del espacio, de la densidad conceptual de Solaris y de la hondura sentimental de Encuentros cercanos del tercer tipo.

A punta de golpes bajos, la película replica la esencia kitsch y folletinesca de una mitología desgastada, procedente del lejano oeste.

Es el viejo cuento western de la conquista de un territorio virgen, dando lugar a escenas sonrojantes como la pelea de vaqueros de Matthew McConaughey con Matt Damon.

Por tanto, Interestelar cae en su propio agujero negro, al desarrollar una historia predecible, con un final harto conservador, en las antípodas del Nolan de Memento y Dark Knight.

Sin proponérselo, reescribe las tablas de salvación del antiguo testamento de Disney. El sacrificio del héroe mesiánico por el bien común. La música omnipresente acentúa los estados anímicos. Los efectos especiales recuperan la brújula de la dirección. Pero el balance es similar al de una digestión de un batido de Apollo 13, Señales, Armageddon y The Right Stuff. Con menos aires de trascendencia, Gravedad y Wall-E superan el hándicap de Interestelar.

Por su lado, Gone Girl también se pierde en el criterio de la obviedad de sus postulados.

Ahora asistimos a una típica demolición de los cimientos del sueño americano, desde los modelos de éxito hasta el engranaje del matrimonio perfecto, deconstruido por los ecos de la recesión, la venganza, la costumbre y la banalidad del mal. Se tocan una serie de temas “importantes”.

La explotación sensacionalista de las miserias ajenas por parte de los medios de comunicación. Los pecados de la competencia de egos. El esnobismo, las diferencias sociales, el reinado de las apariencias.

¿Dónde reside el defecto? Pues en los arbitrarios giros del libreto, las sobreactuaciones de la esposa desesperada, las líneas explícitas del discurso. 

A Gone Girl la comparan con el cine de De Palma (Vestida para matar) y Sam Mendes (Revolutionary Road).

Sí tiene su toque perverso de Sunset Boulevard. Por supuesto, es casi una tragicomedia, en vivo, dedicada al irónico triunfo de la hipocresía de una pareja como la de La Guerra de los Roses.

De repente, la mujer fatal merecía un tratamiento distinto, menos plano, estereotipado. Parece la proyección de una conocida fobia antifeminista. Algo ya visto en los ochenta y noventa. Tipo Instinto básico y los melodramas de Adrian Lyne. La favorece su estética de thriller costumbrista de la crisis. La perjudica su visión maniquea de soap opera sofisticada, de miniserie.