• Caracas (Venezuela)

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Boris Santos Gómez Uzqueda

Pérdida venezolana por caída del petróleo

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Aunque pueden haber muchos cálculos y análisis de serios e irrefutables expertos en finanzas petroleras una cosa queda clara, y el ciudadano común y corriente –como yo– lo sabe: la caída de precio del barril de petróleo afectará muchísimo a economías latinoamericanas que “viven” de exportar materia prima: Venezuela (petróleo) y Bolivia (gas).

En el caso venezolano algunos análisis indican que habrá una pérdida de ingresos de 10.000 millones de dólares (10 elevado a la 9 o 10 millardos, como quiera leer) por consecuencia de la reducción del precio internacional del barril de petróleo.

Esa cifra (10.000 millones) es una enormidad completa. La reserva internacional total de Bolivia en el exterior es de 14.000 millones. Es como si se hubiera perdido todo el ahorro sacrificadamente juntado en años. Saque cuenta de las muchas obras públicas y de beneficio para mejorar las condiciones de vida ciudadanas que se podría hacer con ese dinero.

En otro análisis ya hemos comentado del porqué de la reducción de precios del barril, empujados por potencias del mercado petrolero como Arabia porque se vio “amenazada” ante la brillante aparición de la industria shale o fracking en Estados Unidos (que además permite refinar más combustibles y evitar importación de crudo de otros países). Aunque algunos indican que hay una sobreoferta de petróleo en el mundo (que consume diariamente cerca de 92 millones de barriles/día de los cuales la organización petrolera internacional OPEP aporta casi 31 millones) y al haber algo de recesión en Europa y la tragona de energía China, pues, se redujo la demanda debiendo sumarse estos factores a la industria shale norteamericana. Arabia, continuó produciendo más petróleo a menor precio porque sus bajos costes de producción y su enorme producción no le afectan en sus números; pero sí a economías menos desarrolladas, como la venezolana, que ya tiene profundos desbarajustes financieros internos.

Con el precio entre 80-85 dólares por barril el petróleo (convencionalmente producido) seguiría siendo rentable para las multinacionales, pero ya es un problema para economías latinoamericanas.

Pero volvamos a Venezuela: calcular el daño que le hará a Venezuela el ya no contar con 10.000 millones de dólares es muy sencillo y doloroso: eventualmente sufrirán los que menos tienen y habrá mayor descontento social por encarecimiento de alimentos, medicinas y aspectos primordiales de la vida: quizá menos infraestructura pública para educación, para salud, servicios, reducción de presupuestos fiscales y de entidades (menos dinero disponible a gobernadores, municipios, seguridad, Estado central); similar daño ocasionará a Bolivia, aunque con cifras geométricamente diferentes: Bolivia soportará no contar con algo así como 800 millones de dólares (un maní, comparado con la pérdida venezolana); pero por razones de escala no olvidemos que los 800 millones de dólares le hacen a Bolivia –por su tamaño– el mismo boquete que a Venezuela los 10.000 millones.

Además de que Venezuela ya empezó a importar desde Argelia para mezclar crudo pesado con liviano y buscar mejorar en algo la rentabilidad de las ventas venezolanas. Seguramente pensarán, también, en echar mano de sus reservas (ahorros) en bancos internacionales para honrar pago de su deuda externa.

Panorama complicado, más aún si a esto se suma que tienen cortes eléctricos internos, una industria petrolera que necesita inversión y modernización para enfrentar los próximos 5 años; y a ello sume las deudas con China (van encima de 40.000 millones dólares, si no me equivoco).

El próximo ministro de petróleo y energía de Venezuela tendrá una tarea titánica de reconstruir una verdadera public policy en energía: enfocada a reducción de costes, modernización, alianzas estratégicas, cero-politiquería y visión a futuro priorizando la industria de valor agregado a partir del petróleo.

De momento las cosas se pondrán color hormiga. De momento.