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Gustavo Tovar

Pepe Mujica y los hijos de...

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“Son una manga de viejos hijos de...”

José Mujica (presidente de Uruguay)

 

 

Ácido, muy ácido…

Los notables venezolanos -si es que queda alguno-, sobre todo aquellos vinculados con las enchufadas mulas cansadas de la Mesa de la Unidad, se horrorizan con algunos de mis artículos; los consideran groseros, cimarrones, callejeros: feos, muy feos.

Se cubren los ojos cuando aparecen publicados, susurran indispuestos en los corredores políticos, se colocan un fino pañuelo de seda en sus narices y, en público, voltean el rostro a mis ferocidades verbales.

Voltean el rostro en público, sí, pero en privado, cuando encuentran la mejor oportunidad, sigilosos, cuando nadie los ve, se escabullen detrás de las cortinas o debajo de sus cómodas butacas para leer horrorizados mis insolencias.

Consciente de los alborotos anímicos que les causo, les advierto, o mejor, les sugiero como en otras ocasiones lo he hecho que detengan en este punto la lectura no vaya a ser que su candidez se perturbe, lo que sigue es ácido, muy ácido…, como lo que vive Venezuela.

 

Mujica

Pepe Mujica es comiquísimo, no cabe duda, es como un osezno impertinente y dulcemente feroz, lo cual no impide que padezca artritis moral, que esté entumecido.

Lo corroboré con sus recientes declaraciones sobre las sanciones que impuso la FIFA al delantero uruguayo Luis Suárez por morder en pleno juego mundialista al defensor del equipo italiano Giorgio Chiellini. De más está decir que ni el boxeo ni el ultimate fighting de artes marciales mixtas, deportes de combate entre fieros gladiadores modernos, permiten morder a sus oponentes, mucho menos un noble deporte como el fútbol en el que se supone que los jugadores lo que usan son sus pies, nos sus dientes, para ganar la gloria.

Sobre las sanciones, Pepe Mujica dijo: “Los de la FIFA son una manga de viejos hijos de.... Podían haberle sancionado, pero no ponerle una sanción fascista”.

Pues sí -lo decimos sin taparnos la boca-, este señor cínico, que ha convertido al Uruguay en la pocilga neoliberal que acumula y esconde los capitales golondrinos e ilícitos de los políticos más cleptómanos de Suramérica (especialmente los maduristas), pontifica -como suele hacer- sobre el bien y el mal a cuenta de que anda en alpargata y Volkswagen.

Claro, eso lo diferencia de apoteósicos corruptos latinoamericanos como  Néstor Kirchner o de estiradas y postizas multimillonarias como Cristina Fernández, ni hablar de las niñas Hilton-Kardashian-Chávez o de nuevos ricos como Diosdado, pero no le da licencia para echarnos en cara su cinismo.

Mujica, como todo cínico, se exalta e insulta a los directivos de la FIFA porque sancionaron a Suárez y le impidieron morder, digo, jugar unos cuantos jueguitos de fútbol, pero calla y hasta celebra el trato verdaderamente inhumano, despiadado y fascista que su benefactor Nicolás está imponiendo a estudiantes, activistas de derechos humanos y líderes políticos en Venezuela.

Los millones de dólares que le regalan los maduristas, provenientes de la más encarnizada corrupción que haya conocido Latinoamérica en su historia republicana, lo anulan y niegan, le agravan su artritis moral y lo entumecen.

Pepe Mújica, alcahuetea el fascismo sancionador, represivo y cruel de la dictadura venezolana por algo más práctico y necesario que sus ideales: unas monedas (muchísimas, claro).

 

Ser un “digno” limosnero socialista

Sobre la crítica el poeta mexicano Octavio Paz afirmaba: “Hija de la razón en su forma más rigurosa y lúcida: la crítica, a imagen de ella, es a un tiempo creadora y destructora; mejor dicho: al destruir, crea”.

Cuando uno es crítico debe ser tolerante a la crítica, y cuando uno usa el insulto para criticar debe ser también tolerante al insulto como crítica.

La crítica, mi crítica, aunque horrorice, en su destrucción, aspira a crear…, crear conciencia.

La hoja de ruta política de Pepe Mujica es a un tiempo brutal y generosa. Un hombre que ha sido guerrillero, es decir, que ha aniquilado a hombres inocentes por la espalda, que ha estado preso y ha expiado sus crímenes detrás de las rejas, que ha levantado su fusil y su palabra contra las tiranías militares latinoamericanas, debe tener cuando menos un dejo de honorabilidad, de respeto por sus luchas y por sus ideales.

No puede vender su dignidad de luchador social y político limosneándole a una manga de corruptos y ricachones maduristas que han devastado una nación y que han encarcelado a más de 3.000 estudiantes que gritan “libertad” en las calles de Venezuela, por dinero. Simplemente, no puede.

Entendemos que Fidel Castro lo haga, a fin de cuentas él es un limosnero reconocido y tradicional, pero Pepe Mujica, el osezno impertinente y dulcemente feroz de la política latinoamericana, no puede, no debe.

No se si sepa que el fascismo venezolano no sólo ha mordido a los estudiantes, los ha asesinado (en su mayoría con certeras balas en la cabeza), los ha encarcelado, torturado, incluso sodomizado, por atreverse a exigir de manera no violenta democracia y libertad.

No sé si sepa que en el país no hay agua, luz, medicinas, papel higiénico, alimentos o paz social, que los índices de violencia criminalidad y corrupción son estratosféricos, o que nuestras cárceles son campos de concentración neonazi donde se calcina, mutila y decapita a seres humanos.

No sé si sepa esta o aquella calamidad, ni sé tampoco si, como digno limosnero de socialista que es, eso le importe. Ha comprobado que no, que su preocupación es que Luis Suárez fue sancionado por “fascistas” que le impedirá jugar unos partiditos de fútbol por haber agredido violentamente a sus contrarios, por enésima ocasión.

No sé muchas cosas sobre Pepe Mujica, lo que sé -pese a su admirable austeridad- es que es otro cínico que una vez que llega al poder se olvidan de lo que fueron y de lo que son.

Unas monedas, como para todo digno limosnero socialista, valen más que su ideal.

 

 

@tovarr