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Marcelino Bisbal

Pensar en tiempos oscuros

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Déjenos pensar por usted.

Este epígrafe corresponde al eslogan de identificación de una importante agencia de publicidad de nuestro país. El sentido tiene que ver con la difícil tarea de pensar. El pensamiento es todo un ejercicio vivo que requiere de reposo, reflexión y de contraste con los otros. Quizás esto último es lo más sabroso de esta facultad que caracteriza a los humanos. Al pensar de manera diferente ponemos en práctica el razonamiento, las formulaciones, las creencias y las posturas frente a la vida y las situaciones que se dan dentro de ella.

Sin embargo, la referencia con la que abrimos este aparte va en sentido contrario a lo que formulamos. Pensar por cuenta propia es siempre un riesgo, un peligro que no le gusta –muchas veces– a las más variadas formas que asume el poder. Con el correr del tiempo, bastante por cierto, el hombre ha adquirido la voluntad de emanciparse, de liberarse de aquellas ataduras que le impedían la posibilidad de ser libres. El programa de la Ilustración, como signo de la modernidad, lo definió claramente Emmanuel Kant al decir: “La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad (minoría de edad). La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía del otro (…) ¡Sapere aude! (Atrévete a conocer). ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! (…) Para esta Ilustración no se requiere más que una cosa: libertad; y la más inocente entre todas las que llevan ese nombre: libertad de hacer uso público de su razón íntegramente”.

El problema de Chataing fue decir lo que piensa.

Esta segunda cita la expresó en sus Zapatazos Pedro León Zapata, a propósito de la salida del aire de Chataing en TV.  Cuando leemos esta y la anterior referencia, nos viene inmediatamente a la memoria la idea del Gran Hermano descrito por George Orwell en su célebre novela 1984. La misma imagen nos la expresa la novela gráfica V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd (1982), que luego fue llevada al cine por los hermanos Wachowski en 2006.  La profecía de Orwell, así como la de Moore y Lloyd, se hace explícita cuando se suprime la libertad, la expresión-opinión, las creencias, el pensamiento propio… con el sentido de asegurar el poder establecido. Estos escritores ingleses veían con preocupación el surgimiento y avance del totalitarismo y había la obligación de enfrentarlo desde todos los frentes.  Ellos lo hicieron con el lenguaje, la palabra y el ejemplo político del intelectual comprometido con la libertad y la democracia, que no es más que el compromiso con la libertad de comunicación y la libertad de pensamiento.

En la Venezuela del presente, salvando el tiempo y la distancia del mundo que expresara Orwell en 1940 o Moore y Lloyd en V de Vendetta, estamos cerca de ver hecha realidad algunas de las imágenes que en esos libros se nos ofrecen. Especialmente aquella que obliga a los personajes principales a abandonar el lenguaje con el que se habían criado, su privacidad, su autonomía personal y social, hasta invadir la facultad del pensamiento.

Usted oprime el botón, nosotros hacemos lo demás.

El gobierno siempre nos saca en cara las continuas victorias electorales. Luego nos dicen, como lo expresaron en estos días, que “…esto significa que gana la revolución porque tenemos la hegemonía en el mensaje”. De ahí me viene a la memoria ese lema de Kodak que a finales del siglo XIX hizo popular a la fotografía: usted oprima el botón y luego nosotros nos encargamos de hacer lo demás.

Ante el des-orden imperante y la crisis que nos arropa, el pensar y opinar por cuenta propia es un peligro para la seguridad de Estado. Ya nos lo dijeron: “La seguridad de un Estado está por encima de cualquier triquiñuela mediática”. Aunque viendo las actuaciones gubernamentales de estos días podían haber dicho también que la seguridad del Estado está por encima de lo que usted y yo pensemos. Lo dijo Fernando Savater: “Piense usted. Como quiera y pueda, pero piense. Luego razone su pensamiento con los demás, para pensar mejor”. Esta idea no puede ser ejercida hoy sin correr riesgos.

Así están las cosas. El gobierno ha ido ahogando el derecho a la crítica, ha venido instaurando la autocensura y la censura. No sé si es la hora del periodismo, pero sí sé que es la hora de pensar, de la ética de la creación intelectual, de ejercer la crítica. Mañana, cuando el des-orden se haga cultura y ley, será ya tarde.