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Yumber Vera

El día en que Paul y Ringo bailaron con Daft Punk

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El Grammy es el premio más importante de la industria musical en Estados Unidos. Algo así como el Oscar de los músicos. No obstante, debido a que el rubro al que representa está en crisis, los organizadores del galardón ya no saben en qué palo ahorcarse. Lo que han venido demostrando en sus últimas entregas, sobre todo en la más reciente, que se realizó el domingo pasado en la ciudad de Los Ángeles, y en la que Paul McCartney y Ringo Starr, al mejor estilo de la hora loca, fueron pillados por las cámaras de la transmisión bailando una suerte de disco music devenida en changa.

Aunque sin duda fue una de las tantas polaroids anecdóticas de la 56° entrega de la estatuilla con forma de gramófono, ver a los dos Beatles, quienes esa noche se reunieron para conmemorar los 50 años de su debut estadounidense en el show de Ed Sullivan, moviéndose al ritmo de un estilo en el que ellos tuvieron poca influencia, por no decir ninguna, no dejaba de causar sorpresa, y más aún cuando la canción que estaba siendo interpretada en ese instante pertenece a sendos franceses tan obsesionados con el futuro que se creen robots.  

El hitazo que sacudió a la mitad sobreviviente de los Fab Four se llama “Get Lucky” y es de Daft Punk. El tándem enmascarado apareció detrás de una cabina de grabación de un estudio de utilería, luego de que Nile Rodgers, del grupo Chic, en la guitarra; Pharrell Williams, geniecillo del R&B actual, en la voz; y Stevie Wonder, quien no necesita presentación, en el harpejji (instrumento que cruza a la guitarra con el teclado) se encargaran de la intro del sencillo inaugural de Random Access Memories (en la grabación original del tema aparecen todos los involucrados en la performance, salvo el creador de “Superstition”), disco que se llevó el premio en la categoría Mejor Álbum del Año, el más importante de este galardón. Lo que convirtió a la dupla integrada por Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter en el primer artista de música electrónica en arrasar en un Grammy, pues además levantó otros tres trofeos. Así que, si bien el combinado parisiense con sus trabajos anteriores ya ostentaba un lugar notable en las pistas de baile, tras este hito ingresó formalmente en el cénit de la cultura pop.

A pesar de este antes y después que acaba de establecer Daft Punk en la historia de la música popular contemporánea, su triunfo en el Grammy forma parte de una campaña orquestada por la industria musical estadounidense, que encontró en la electrónica, al igual que en el indie, la vitamina que necesitaba para inyectarle vitalidad a la pobreza conceptual que padece el pop desde hace ya varios años.

Si bien este universo de beats, clubes, DJ y drogas sintéticas se remonta a comienzos de los ochenta, la primera vez que este premio le dio la bienvenida fue en 2005, cuando creó la categoría Mejor Álbum de Dance/ Electrónica. Y es que el oligopolio sonoro gringo se dio cuenta tarde, con el renacer de las raves impulsado por la tribu hipster, del impacto de esta cultura en la juventud, por lo que creó su propia interpretación del género: la EDM (siglas de Electronic Dance Music). Más que una etiqueta, esta movida es un vale todo en el que caben de igual forma el binomio francés, el sueco Avicii y el surcoreano Psy y su “Gangnam Style”, amparados por megaeventos del calibre del Ultra Music Festival, sellos y medios. Pero sobre eso profundizaré próximamente. 

Twitter: @guayabera