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Oscar Shariff Hernández

El Paují: sustentabilidad vs minería

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¡Por fin llegue al Paují! La primera vez en 2011 y hasta el día de hoy he vuelto tres veces y cada vez más encantado con estas tierras donde sus pobladores tuvieron la valentía de visualizar un futuro.

Siempre consideré El Paují como un destino remoto de Venezuela que yo tenía que conocer algún día, pero habían varias limitantes: la distancia, la carretera de tierra, no hay señal telefónica, electricidad, entre otras cosas.

Recuerdo escuchar los cuentos de mis amigos que llegaban de un territorio remoto que ofrecía maravillas naturales, en contacto con el medio ambiente, paseos por los ríos y cascadas increíbles, atardeceres en el abismo de la selva amazónica, una famosa fiesta de año nuevo y hasta conexiones con extraterrestres.

Mis primeros acercamientos a la Gran Sabana fueron para subir tepuyes como Roraima y Kukenán, pero nunca llegaba al Paují y cada vez se convertía en un pueblo más misterioso para visitar.

 

Lo primero que hice cuando llegué fue bañarme en un río, pero no entendía por qué sus aguas estaban marrones. Para mí fue igual de placentero pensando que su color era debido a las maravillas de la zona. Mientras los días pasaban conocía nuevos ríos con aguas más cristalinas y no le di mayor importancia a ese primer chapuzón.

Los paujiseros, como se hacen llamar, son ejemplo de sustentabilidad y conservación, nada se desperdicia, todo se recicla. Aprendes a vivir con las cosas más básicas y el día a día es buscar el sustento o trabajo, cuidar tu casa y tierras. Aprovechan los recursos de la zona para producir artesanías locales y producen una de la mejores mieles del país. Tiene un gran potencial ecoturístico y varios pobladores te acomodan en sus casas o campamentos y te guían para descubrir sus maravillas. Pero la mayor riqueza de esta tierra no está en la superficie, sino enterrada en sus suelos repletos de oro y piedras preciosas.

En cada viaje que hice conocí cada vez más fundadores de la zona. Todos tienen sus sueños y preocupaciones individuales, pero todos coinciden en un problema general: “La minería los está destruyendo”.

Los privilegios que el Estado le ha concedido a los indígenas y no contar con la protección de ser parte del Parque Nacional Canaima ha permitido abusos de mineros ilegales y hoy en día indígenas mineros mercantilistas, que sin conocimiento o interés por el medio ambiente han comenzado a afectar directamente los ríos principales de la zona y su futuro. 

En la actualidad es descarada la minería en la Gran Sabana, donde destruyen nuestras tierras más ancestrales por mínimos gramos de oro, y es un abuso de las autoridades locales que permiten que esto suceda como parte de la corrupción.

En mi última visita en enero de 2014, mientras inspeccionábamos uno de los ríos a corta distancia del pueblo, nos encontramos con un campamento minero. Estaban cargados con todas las herramientas necesarias para extraer piedras preciosas (plantas de electricidad, tanques de gasolina, bombas y tuberías de agua, mesas, sillas, el campamento hecho con bolsas de plástico y troncos de árboles cortados). Salieron dos hombres con actitud amenazante a intimidarnos, nos pidieron que nos fuéramos, nos dijeron que estaban acompañados por unos indígenas pemón de alguna tribu de la zona que los respalda para estar ahí. Aunque tratamos de hacer algunas preguntas, por nuestra seguridad decidimos retirarnos.

Cuando regresamos a la casa de mis amigos paujiseros, contamos lo que habíamos presenciado y nos comenzaron a explicar el cáncer en que se habían convertido los mineros en la zona. Nos explicaron cómo los ríos se estaban perdiendo por las destrucciones irreparables que les hacían los mineros, la contaminación que dejan, y la pérdida de flora y fauna que causan.

A nuestro regreso a Caracas, decido realizar la denuncia formal en el Destacamento de la Guardia Nacional en Santa Elena de Uairén sobre el campamento clandestino que habíamos encontrado cerca del pueblo de El Paují. Realizamos todo el procedimiento, se levantó una denuncia escrita, me presenté como ambientalista y le expliqué al funcionario de mayor rango la gravedad del asunto, dejé todos mis contactos personales y me puse a la orden. ¡Nunca recibí una llamada de retorno!

Existe una fundación llamada Mujeres por el Agua, de mujeres indígenas de El Paují que están directamente afectadas por las explotación de minas, porque se contaminan los ríos donde se bañan y de donde se proveen de agua limpia. Han tenido presencia en foros nacionales e internacionales. 

En Venezuela se concentra 2% de la oferta mundial de minerales. Es fundamental que dicha práctica sea realizada de forma responsable y sustentable con el medio ambiente, protegiendo el ecosistema y a que su vez genere beneficios sociales y económicos que contribuyan con el desarrollo de las comunidades locales y regionales del país.

Se le debe exigir al Estado desarrollar un código de ética ambientalista y hacer cumplir las leyes que regulan la actividad minera, para minimizar los daños ambientales y que se castigue a los mineros clandestinos sin importar su nacionalidad o si son indígenas, para tratar de lograr un verdadero desarrollo minero sustentable y preservar nuestro tesoro más grande, Venezuela.

 

@viajaverde

@oscarshariff