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Rodolfo Izaguirre

Patriotas de las profundidades

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Prosperaron y se multiplicaron en Alemania durante el nazismo. Delataban ante la Gestapo la condición judía de sus vecinos y allegados y a causa de sus delaciones familias enteras iban a morir   gaseados en los campos de concentración. También se conocieron delaciones en Francia durante el miserable gobierno de Vichy, la ocupación alemana y la resistencia civil. Las veces que fui a Cuba evitaba contactos con taxistas y desconocidos debido a la fama de país delator emparentado con el mundo soviético. Yo mismo me negué en tiempos de la dictadura militar de Pérez Jiménez a sentarme en los pupitres universitarios por temor a que el compañero de aula fuese uno de estos siniestros personajes que aparecen cada vez que brota el autoritarismo; las asperezas militares se ausentan de los cuarteles y cojen la calle para apoderarse de la política. 

El delator es una figura de asco; y la delación, un comportamiento  abominable y sombrío. Se puede pensar que la delación emana voluntariamente de quien la practica, pero se puede suponer que recibe pago quien la lleva a cabo y deshonra a quien pone el dinero; sobre todo cuando es notorio que el propio régimen militar bolivariano es quien activa a los delatores y los favorece, además, con el repugnante nombre de “Patriotas Cooperantes.”   

Patria, patriota, en manos del autoritarismo militar, son palabras que se corrompen al instante; no solo al pronunciarlas sino, peor aun, al fusionarlas con la patria cubana, para evidenciar un ejemplo crispante. Por su parte, la delación revela un comportamiento humano  nauseabundo vinculado tanto a la extrema izquierda como a la extrema derecha, es decir, asociado al fascismo de derecha o de izquierda. Tanto se extrema la izquierda bolivariana que termina  abrazándose a la derecha, que ha hecho lo propio. Muy alejadas del centro, ambas se  encuentran, se reconocen, sonríen y ¡se cobijan en el fascismo! ¡Hitler y Stalin!; ¡Hugo y Fidel! La más imperfecta de las democracias no necesita de “patriotas cooperantes” porque no acostumbra atropellar a la Constitución, respeta la separación de poderes y tiende a mantener a los militares en sus cuarteles evitando, en la medida de lo posible, que practiquen represiones brutales. Aleja, también, a los  sapos, soplones y “patriotas” de alcantarillas.

¡Después del traidor, el delator es la figura más detestable! No vacilo en definirlo como ¡una rata! Un ser peligroso y de ignominia que se arrastra en las profundidades. No pertenece al espacio superior sino al mundo de lo inferior, de lo solapado. Chapotea en aguas oscuras porque su conciencia pertenece al submundo, al abismo de lo que repta. ¡Disfruta delatando! El “patriota cooperante” se acerca, se insinúa; entra a tu casa, se sienta a tu mesa a la hora de cenar; da pruebas de amistad y anota tus antecedentes. Sin exponerse, registra tus opiniones políticas a las que considera subversivas y luego las cuchichea al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional  para que conjuntamente te cubran de infortunio el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas; la Policía Nacional Bolivariana o la propia Guardia Nacional, ¡brutales campeones violadores de mis derechos civiles!

¿Creerá en verdad este “patriota” estar cooperando con la justicia? ¿Se dispone, orgulloso, a recibir la Medalla al Mérito con la efigie del tirano que lo convirtió en un ser del submundo? Terminará escribiendo con mala sintáxis sus Memorias prologadas, con errores de ortografía, por el Sátrapa Mayor? Y sobretodo, ¿con cuál Patria cree cooperar cada vez que hipoteca el alma y enciende la llama de la traición y el deshonor?