• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rodolfo Izaguirre

Patear la herencia

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Jesús María era el mayor de los hermanos de mi papá y debióhaber nacido en el año de la pera o en aquel otro en el que la rana echó pelosporque mientras yo agonizaba en el estupor de mi adolescencia ya él se veía muyanciano. La última vez que lo vi fue una noche en el malecón de Macutocontemplando ambos el cielo estrellado y haciendo él comentarios banales.Recuerdo haberle hablado del terror que sentía Blas Pascal frente al mismocielo de estrellas y el viejo se me quedó mirando, alelado.

Nació pobre, y muy joven se empleó en una carbonería en la Cañada de Luzón; con eltiempo se hizo socio del negocio y finalmente, dueño. Se casó y sólo tuvo unhijo. Amplió la carbonería pero una piedra muy grande empotrada en la paredobstaculizaba el paso de los cargadores y decidió removerla. Pasó díasmartillando los bordes en horas no laborables para no interrumpir el trabajo ylogró finalmente que la piedra cediera. Quedó estupefacto al descubrir quedentro de la pared, resguardadas por la piedra, estaban cuatro botijas llenasde morocotas. ¡Guardó el secreto! No declaró lo encontrado; no dijo una palabrani siquiera a su mujer. Ocultó el tesoro en el patio de su casa, vendió lacarbonería; se fue a vivir a otra parte y se volvió un hombre rico. Lo deltesoro llegó a saberse y cuchichearse y fue codiciado comentario en la familia.Pero se volvió tacaño (¡o ya lo era!) mientras su mujer se encumbrabatransformándose en una dama de alcurnia, helada y despreciativa, que abandonóel percal para vestirse de seda, lino y organdí. Muy niño visité su casa sólouna vez. ¡Una mansión con piscina y muebles caros!

El hijo creció mimado por la fortuna y el padre jamás lohizo partícipe de sus negocios ni le enseñó a trabajar. Jesús María murió dos otres meses después de asombrarse ante el misterio de la noche estrellada deMacuto y ocurrió lo que siempre se ha dicho de los “entierros”, de los tesorosocultos: ¡sólo los disfruta el que los encuentra! El hijo ocioso, inexperto,pateó la herencia. La fortuna se desvaneció en menos de dos años y la desdeñosaviuda llegó a ser vista en el cementerio cuidando las tumbas de sus familiaresvestida pobremente y calzada con chancletas de goma que entonces comenzaban asustituir a las alpargatas. Del muchacho no se supo más; se disolvió en elolvido.

José Ignacio Cabrujas en su pieza teatral Profundo convierte la búsqueda de untesoro enterrado en la amarga metáfora no sólo del país petrolero, sino de laherencia que de él recibimos los venezolanos. Hoy, el país político en elllamado socialismo del siglo XXI padece una de las experiencias más lamentablesy corruptas de su historia pero también la ilegitimidad de un régimen militarheredero de un oscuro autócrata que dispuso a su antojo el tesoro petrolero ylo repartió abusivamente entre sus ávidos amigos; pero, al nomás morir, susdelfines han comenzado a patear la herencia política creyendo que con amenazasy más violencia pueden ocultar la torpeza de sus desatinos amparados también enla brutalidad mercenaria de los poderes judiciales y legislativos.

Les pasarálo que a la viuda y al hijo de mi tío cuya imagen de viejo pichirre y carboneroque se hizo rico de la noche a la mañana se fue desvaneciendo hasta perderse enla misma Nada que atormentó a Blas Pascal. Si acaso alguien intentase elesfuerzo de recordarlo será por lo de las morocotas: un episodio sepultado enlas movedizas arenas de la memoria. ¡Algo similar ocurrirá también con laimagen del autócrata y sus obtusos seguidores! Tarde o temprano, se disolveránhundidos y abrumados por las continuas torpezas, agravios y perversiones delrégimen militar bolivariano.