• Caracas (Venezuela)

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Pedro Conde Regardiz

Paroxismo cambiario

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Cuando una economía se encuentra frente a la imperiosa necesidad de devaluar su monedad consuetudinariamente durante los últimos treinta años podría decirse que es una patología económica, una pasión, enraizadas en el cuerpo social que de vez en cuando llegan al paroxismo para volver a golpear el bolívar y recomenzar el camino que tantas veces ha recorrido desde 1983. Se devalúa porque se registra un déficit en las cuentas del intercambio con el exterior. Por sobrevaluación de la moneda, fuga masiva de capitales y/o escasez de dinero extranjero, que parece la razón última de esta otra devaluación, al pasar a realizarse gran parte de las transacciones externas al tipo de cambio de 11,36 bolívares por dólar estadounidense. Alguien podría preguntar: ¿por qué durante los últimos quince años de la democracia como en estos quince de socialismo se recurre a menudo a esta medida? ¿Por qué se perpetúa el control de cambio, en presencia del boom petrolero, cuando es una política generalmente temporal para corregir anormalidades económicas y monetarias?

Ciertamente, hay malentendidos acerca de la típica realidad económica venezolana, tozudez en imponer un modelo político-económico generador endógeno de desconfianza en la moneda, en la perspectiva de los negocios y que conspira contra el normal desenvolvimiento del ahorro, la inversión y del proceso productivo en general. Pero, además, a la pésima administración de los ingresos petroleros y al avasallante endeudamiento sin que se observen los frutos, la maduración de presuntas inversiones en proyectos de desarrollo agropecuario e industrial. Todo lo cual, es el origen de tantos fracasos, de las pesadillas del venezolano ante la impotencia frente a la imposición, o, mejor, sufrir el decreto de la carestía de la vida mediante continuas devaluaciones. No se ha sabido administrar la finalidad de un control de cambio con políticas coadyuvantes que eliminen la necesidad de su instrumentación temporal.

Por otra parte, una idea errónea hace creer que las devaluaciones proveen cuantiosos recursos adicionales netos al Fisco para contribuir a financiar el precario funcionamiento del Estado, la cual idea desde el punto de vista dinámico no resiste el menor análisis. Efecto, un sencillo ejemplo ilustrativo: sea en un año determinado el valor de las exportaciones petroleras de 100 dólares que, al cambiarlos en el BCV a 6,30 bolívares, origina un ingreso a Pdvsa de 630 bolívares, de los cuales, supongamos, 70% irá al Tesoro Nacional por impuestos a la industria petrolera y otros conceptos. Supongamos además que en ese año el servicio de la deuda externa es de 20 dólares, que a Bs 6,30, son Bs 126. Al devaluar, modificar la paridad cambiaria a 11,30 bolívares por dólar, el ingreso de Pdvsa, si prevalecen las condiciones de precios y volumen exportado, sería de Bs 1.130, en lugar de Bs 630 anteriores, esto es, por manipulación cambiaria hay nuevos ingresos de Bs 500. Pero como existe el servicio de la deuda, y suponiendo que sea el mismo anualmente, el Fisco cancelará no 126 bolívares, sino 226, puesto que ahora comprará las divisas al BCV a la nueva tasa de 11,30. ¿De dónde salen los Bs 100 adicionales? Pues, de los nuevos ingresos por devaluación de 500. Si a esto se añaden los demás gastos del Estado en el exterior (embajadas, consulados, aportes a organismos internacionales, ayuda externa, compras de armas), merman más los tales recursos. Pero al actuar como agente económico, el Estado tendrá que realizar sus compras a los nuevos precios internos que arroja la devaluación para bienes y servicios, más los aumentos salariales. Así se diluyen esos recursos nuevos por devaluación, pero la economía ahora transcurre con inflación superior que causa estragos: golpea el estómago del venezolano, brota más pobreza e inseguridad y empuja otra devaluación. Llevan 30 años especulando con el bolívar. De hecho hay dolarización. Es mejor oficializarla.

psconderegardiz@gmail.com