• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

Papelorio rojo

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El castrocomunismo venezolano es la exitosa empresa funeraria presidida por una junta directiva marca PSUV cívico-militar. Su clientela va en aumento, 2013 cerró con casi 25.000 asesinados por violencia armada, la mayoría de ellos en su intocado emporio Barrio Adentro. Además practica una actividad conjunta, los velorios por papel destruido, costumbre que al estilo tropical celebra con jolgorio. Los dividendos son claros. Sale más barato invertir en propaganda del cada nuevo operativo policial cuando la inocente víctima es famosa, que limpiar el núcleo primario, al modo Lula, en asalto policial sorpresivo a los focos urbanos donde sus fichas y colectivos hacen vida de la muerte desde la droga y el armamento ilegal, vendidos por sus propios agentes, adeptos y empleados bajo vigilancia, también una corporación revolucionaria civil-castrense. No pueden desmantelar esos protegidos guetos en cárceles y barrios humildes cada día más populosos, porque eso implicaría su fracaso político y financiero.

El papelorio chavista es de naturaleza fundacional. Su dictador lo inauguró en el antiguo Congreso, enero 2000, cuando al juramentarse ante su benefactor, Rafael Caldera, dijo que desde ya era polvo la moribunda Constitución Nacional, ese volumen despreciable, libraco burgués y pro yanqui, el mismo que le perdonó su fallido golpe militar con intento de asesinato del presidente Carlos Andrés Pérez, en su fecha patria, 4 de febrero 1992. A la nueva carta magna de 1999 de facto le violaron sus leyes, hoy papelillo en el basurero de su proceso.

El resto es crónica viva. Su Ministerio de Educación bota o fragmenta todo manual y programa pedagógico que informa sobre la evolución civilista del país desde la Colonia hasta la democracia constitucional a fin de imponer sus cartillas militares inspiradas en Stalin, Hitler, Fidel y Hugo Chávez.

En las antiguas bibliotecas públicas su método es el descarte con pretextos como “libros viejos desactualizados”. Solo en el estado Miranda de Diosdado Cabello, la red bibliotecaria de 65.000 libros fue convertida en pulpa de papel para su venta. En el de Henrique Capriles, la competente ex directora de la Biblioteca Nacional, Virginia Betancourt, pudo restituir algunos ejemplares desparecidos en la guatireña llamada “Don Luis y Misia Virginia” sus abuelos paternos.

Casi eliminado el periodismo informativo con el cierre y compra de estaciones radiales y televisivas, la censura previa mediante reglamentos y multas no les resultó definitiva para su confesa hegemonía comunicacional. Ahora buscan volver ceniza la sobreviviente prensa escrita, libre en diez diarios. Sustituyen la censura directa del lápiz comisarial usado por la anterior dictadura, le bloquean a este periódico la solicitud regular de divisas para compra de papel y le niegan su acceso a la subasta del Sicad. Alegre velorio, esta vez por papel abortado. ¿Calle ciega?

La criminalidad maoísta, soviética, nazifascista y castrocubana se autodelata en muestras de su propaganda represiva que guardaron en archivos, después prontuario para juicios y temas del cine y la literatura. Samizdat clandestino de mano en mano, luego novelas. Blog que pasa a libro. Video instantáneo versionado por escrito, a veces protegidos bajo tierra. El papel aguanta todo, ese noble papiro tan temido por cada régimen tiránico porque hoy, salvada la palabra impresa o manuscrita, puede valer por mil borradas imágenes del medio audiovisual.

Esta dirigencia partidista de comunismo caribeño perdió su gran base popular y su unidad militar chavista. Criaron sus cuervos milicianos, cuerpo paramilitar autónomo ya sin control. Ante su derrota político-hamponil simula un diálogo pero bajo condición armada. Para conservar su poder ilegítimo y dividido, culpa a la disidencia, promueve más caos y así justifica una represión mayor.

Pero la historia universal libertaria señala que para salir de un sistema totalitario sus insobornables víctimas inventan soluciones. En legítima defensa, el periodismo venezolano, basado en su Código de Ética, va por las suyas. Y ya no basta el tradicional análisis reflexivo. Imaginar es el prólogo de la acción.

 alifrei@hotmail.com