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Guillermo Cochez

Panamá no ha sido solidario con Venezuela

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Era el 27 de noviembre de 1989, regresaba a Panamá de gira por Washington, donde había participado en la Asamblea General de la OEA que discutió el tema de Panamá, y por Munich, Alemania, donde dicté charla sobre la situación panameña. Tenía siete días varados en Miami, ante la amenaza gubernamental de que no se hacían responsables de lo que pudiera ocurrirle a todo aquel dirigente opositor que estuviera fuera de Panamá hablando mal del régimen. En Miami, me reencontré con mi compañero legislador Francisco Artola (qepd), con quien había estado en la OEA. Decidí regresar porque me desesperaba en ese corto exilio de una semana. Sabía a lo que me exponía.

En Tocumén nos esperaban representantes diplomáticos de Costa Rica, Francia, España, Santa Sede, Estados Unidos, Argentina y Venezuela, la que mayor solidaridad nos demostró en esos tiempos. Al llegar a la terminal, poco importó a los militares la presencia de diplomáticos. Nos sacaron por una rampa a la fuerza apenas salimos del avión, y nos montaron en un jeep donde inmediatamente nos esposaron y vendaron los ojos. Nos secuestraron. Gracias a las protestas de tantos gobiernos a las 22 horas fuimos liberados, luego de pasar un mal rato en la inmundicia del G2 y bajo un interminable interrogatorio.

Esa solidaridad que nos dieron antes de la caída de Noriega y sus secuaces ha sido muy escasa con Venezuela; para mí, algo penoso. Se ha criticado que los gobiernos de Chile, a pesar de que luego de la caída de Allende, los exiliados recibieron la mano generosa de Venezuela, no han sido recíprocos con la lucha libertaria de los venezolanos. Allá muchos panameños se exilaron: Rubén Darío Carles y Alberto Quirós Guardia, Gonzalo Menéndez Franco y otros panameñistas. Igual se puede decir de Panamá. El presente gobierno les ha dado la espalda a los demócratas de ese país; es lamentable porque quienes conocimos de la solidaridad del pueblo y gobierno de Venezuela en la lucha contra nuestra dictadura hubiésemos esperado algo similar del actual gobierno, que hace mutis frente al encarcelamiento y juzgamiento irregular de líderes opositores, inhabilitación de dirigentes para ser candidatos, abuso extremo de los recursos del Estado para favorecer candidaturas oficiales, torturas en cárceles, narcotráfico de los gobernantes, violencia paramilitar oficial, etc. En fin, de muchas cosas más de las que caracterizaron los abusos de la dictadura que padecimos por 21 largos años.

Días atrás me comentaron que el embajador de Panamá en Venezuela respondía a intereses de los que tienen deudas pendientes en ese país. Al no saber quién era, pregunté a la canciller me diera su nombre y me enviara su currículo: Miguel Mejía Miranda, cuyo nombre oía por primera vez. Pregunté a su asistente principal que me explicara cuáles eran los criterios para haber nombrado al señor Mejía en tan delicado cargo, ya que su hoja de vida no me daba mayor indicación de tener conocimientos sociopolíticos de un país en conflicto como donde lo nombraron. La respuesta, categórica: Son puestos de “designación presidencial”. Recuerdo la calidad de políticos que los gobiernos venezolanos nombraron aquí: César Rondón Lovera, Luis Ochoa Terán y los políticos venezolanos que nos visitaban permanentemente para solidarizarse con nuestra lucha.          

Faltan 6 días para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Los vientos de cambio que se han dado en Argentina pudieran darse en Venezuela, pero requieren de mayor solidaridad latinoamericana. La razón: por más desmanes que hicieran el binomio Kirchner en 12 años, no lograron destruir la institucionalización argentina; no se puede decir lo mismo de Venezuela donde, tras 17 años de gobierno chavista, pasaron a la historia tribunales de justicia independientes y mecanismos electorales confiables, donde ni siquiera existe la figura de una Contraloría independiente y menos un ejército profesional ajeno a todos los vaivenes políticos y que se encuentra envuelto profundamente en la corrupción oficial.

De ocurrir un monumental fraude el 6 de diciembre o de convertirse Venezuela en tierra de nadie ante la aparatosa derrota que se le vaticina al oficialismo, seremos responsables todos esos países que por intereses ideológicos como Cuba, Bolivia, Nicaragua y Ecuador le taparon todo a la satrapía chavista; como aquellas avestruces como Chile y México, que alegando inexistentes neutralidades se taparon los ojos, pero también por esos que, por apoyar mezquinos intereses, como Brasil, Colombia, el Caribe y Panamá, callaron frente a todos los abusos que se cometen a diario contra el pueblo venezolano.