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Mariana Díaz Arroyo

Palabras y palabras

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Hace pocos días, después de ver la película Palabras e imágenes, titulada en inglés Words and Pictures, reconozco que no por mera casualidad comencé a descubrir algo de las palabras.

En ciertos momentos nos ha pasado que sentimos que los demás no entienden lo que decimos; recuerdo de mi niñez escuchar a algún adulto, cuando alguien no le entendía, decir para sí mismo: “¿Será que hablo chino?”. En aquel entonces aquella frase era difícil de entender para una niña; hoy descubro el porqué de ese sentimiento de duda cuando no entienden nuestras palabras.

Creo que todos hemos experimentado en una reunión de trabajo, cuando conversamos con nuestros hijos o con nuestra pareja, cuando conversamos con amigos, la sensación de que hablamos chino y no español. Goethe decía: “Toda palabra dicha despierta una contraria”, si nos situamos en un punto intermedio cabe preguntarnos por qué, retomando la cita anterior, una palabra dicha despierta una distinta. ¿No se han preguntado por qué ocurre esto?, ¿por qué a veces sentimos que hablamos otro idioma?

Las palabras siempre son las mismas, pero no siempre las interpretamos de la misma manera; cuántas veces hemos escuchado de alguien unas palabras que en algunas personas, dependiendo del contexto, causan alegría, ilusión y esperanza; en otros tristeza, rabia o frustración; esta situación, que creo nos resulta familiar a todos, se refleja en algunos momentos o circunstancias de nuestra vida y con frecuencia con personas  cercanas.

Qué difícil es a veces entendernos, como  decía Montaigne: “La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha”, en ese punto estoy, descubriendo esta doble dimensión de las palabras. La buena noticia es que las cosas pueden mejorar con respecto al modo como interpretamos  las palabras.

Hay un momento en que nos volvemos más atentos a lo que decimos y a lo que escuchamos, una especie de agudeza que surge de las circunstancias, del entorno y de las realidades personales; es como si de repente las palabras adquirieran un nuevo sentido, como si domináramos un nuevo idioma que nos hace entender mejor las palabras de otro; sucede cuando entendemos, por lo menos en parte, la intencionalidad de las palabras que con frecuencia suele ser distinta a la que creemos percibir.

No pretendo dar con la clave de este asunto, tan solo creo que para entender mejor las palabras de alguien, o que entiendan mejor las nuestras,  posicionarnos lo más cerca que podamos del otro, que no significa compartir sus convicciones, es un buen comienzo.