• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

País movedizo

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Son las circunstancias del contexto un declive repetitivo que suele aterrizar en los mismos lodazales –tan fecundos como sofocados– del pasado, recordándonos quiénes somos y dónde estamos en el transcurso de los siglos. Una lectura particular que llegó a mis manos en los expansivos azares de un reposo médico me colocó en el epicentro de una palabra tan inédita como consecuente, construcción poética de una intimidad descollante que no solo sobresale desde las aristas de su propio tejido sino que imperante y necesaria se traslada más allá, superando las limitaciones del tiempo para desembocar en los recodos sin nombre de otros cuerpos que navegan situaciones semejantes.

No en balde, el libro lleva por título Los días pasan y las formas regresan, un extraordinario compendio en el que poesía, ensayo y fotografía extienden sus perspectivas en torno a la obra del artista Harry Abend. Esta publicación, realizada por bid&co. editor dentro de su colección Vasos comunicantes, fue presentada en la ciudad de Caracas en la galería GBG Arts, en el marco de la importante muestra individual que sobre este creador inauguraron a comienzos de 2014. Lamentablemente, los sucesos que rodearon este conflictivo período de la historia venezolana limitaron el acceso, la difusión y el conocimiento tanto de la exposición como del libro.

No obstante, como un reflejo homónimo al título, destaca en nuestra realidad la permanencia de lo medular sobre lo inminente. En las páginas de esta obra encontraremos una cuidada selección fotográfica de muchas de las piezas que estuvieron en la muestra junto a tomas de archivo realizadas por Paolo Gasparini, Luis Brito-Charlie Riera y Bárbara Brändli; imágenes que conviven junto a la profundidad de la prosa de Adalber Salas-Hernández, poeta y ensayista que se inserta en los rasgos capitales de la creación para conjugar los paradigmas filosóficos de la obra de arte frente a la labor y al matiz secreto desarrollado por este maestro de la escultura en Venezuela.

Mención especial dentro de este conjunto de voces y miradas merece el poemario Todo en una noche de Raquel Abend van Dalen. Allí, la poesía rasga los acantilados ocultos de las piezas del padre, para trascender hacia las arterias vitales de la obra como batalla secreta de lo humano; un abrazo indecible sobre la imagen, un desfallecer que aletea y se convierte de nuevo en obra, multiplicada en el asombroso silencio que se abre una y otra vez desde la oscuridad luminosa que acecha tras cada lectura. Esta hendidura inusual de la palabra trajo a mi mente el regreso de otras formas infinitas que también se movilizaron bajo circunstancias similares, un país oculto que se examinaba y se quebraba en las revelaciones del sigilo mientras transcurría el agobiado paso de los días. En ese intersticio destaca aquel poemario del año 1962 que con el título En el allá disparado desde ningún comienzo respiró en una Venezuela pisoteada por los pantanos de repetidas dictaduras, abriendo en la poesía de Elizabeth Schön las conexiones recónditas de un orbe proyectado desde los ángulos interiores del nido, único canal posible para aquella potente y dolorosa verdad que se perdía en medio de la sordidez y la miseria; resonancias subterráneas donde también Schön se encontraba herida por la obra visual de otra gran intérprete de las complejas bifurcaciones de lo humano: Elsa Gramcko.