• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alexis Alzuru

PSUV: jefes políticos y congreso ideológico

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

De Blanca Ibáñez se decía que había pagado por una titulación de abogado. Aun siendo cierto ese rumor, el costo de ese diploma sería insignificante ante el doctorado honoris causa que recién obtuvo un diputado oficialista que disfraza su mal uso del lenguaje español con corbatas Louis Vuitton y manicure. Tal vez el parlamentario necesitaba adicionar otro certificado al inmerecido título de diputado. O quizás requería que sirvientes y choferes le llamasen doctor, con algo de propiedad. En todo caso, ese dirigente es el prototipo del liderazgo rojo, no la excepción. Ellos acumulan por igual títulos académicos, finos relojes o ropa íntima. Saben de precios, no de valores ni de responsabilidad. Con esos caudillos se entiende que el PSUV se haya convertido en un templo para rendir culto al espíritu pequeñoburgués de sus autoridades. Esos cardenales esperan reverencia, no debates sobre la nación. La invitación al congreso ideológico incluye votos de obediencia y sumisión. Una solicitud que no tendría relevancia si fuese una reunión partidista de rutina, pero no lo es.

El colapso del país es el contexto en el cual se realizará el congreso del PSUV. En este escenario el silencio de los participantes representaría una traición a la conciencia individual en beneficio de una minoría sórdida. En estos momentos, la complicidad es una opción prohibida para quienes tienen algún compromiso con la transformación de la nación. La corrupción y la censura son las armas que los jefes del PSUV utilizan para ganar tiempo y estabilidad.

¿Importa que un grupo de comunistas de nuevo cuño se vista en Miami con el dinero que esconde en bancos del Caribe? No importaría si esa adicción al lucro y estatus no fuese financiada por los venezolanos. En especial, por los sectores que tanto dicen defender. Cuando mucho produciría hilaridad verlos adular al castrismo al tiempo que compran en tiendas lujosas de diseñadores anticubanos. La hipocresía es un rasgo de la burguesía orillera, se comenta. Una expresión que la cúpula pesuvista se ha encargado de confirmar, cuando con una mano financian a la dictadura castrista y con la otra a los empresarios cubanos mayameros. Sin embargo, la corrupción pesuvista es una cuestión que tiene bloqueada las posibilidades de cambio. Sus valores y prácticas han sido más eficaces que el encarcelamiento y la represión. Lo cual se comprende, pues desde Goebbels se sabe que corromper significa masificar la formación de discursos, símbolos y unas maneras de ocultar y tolerar lo inadmisible. Al modificar las costumbres se tiene una forma pacífica de quebrar la resistencia ciudadana. Desde esa óptica corromper es colocar los intereses privados de los gobernantes como eje de los patrones de vida de una sociedad.

Solo ciudadanos envilecidos aceptarían la personalización del poder. Por eso, los jefes del PSUV usan el vicio como máquina segadora. Sus corruptelas son coartadas, no ineficiencia o voracidad económica únicamente. Estos dirigentes entienden que la corrupción ofrece una tecnología para la lucha. De hecho, el enriquecimiento de la élite roja es una consecuencia prioritaria, pero no es el fin de la distribución arbitraria que realizan de riquezas y privilegios. La corrupción ha sido convertida en un mecanismo para resetear los códigos de la conducta de la población. Un objetivo político que deben satisfacer para garantizarse el monopolio del poder. Por cierto, esa visión pedagógica de la corrupción explica que en la sociedad de Maduro el trabajo, la educación y el comportamiento decente produzcan frustraciones, depresiones, no realización personal y menos aún progreso.

 

*Profesor UCV

@aaalzuru