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José Ignacio Calderón

Ovejas negras

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Yahvé vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal. Se arrepintió, pues, de haber creado al hombre, y se afligió su corazón. Dijo “borraré  de la superficie de la tierra a esta humanidad que he creado, y lo mismo haré con los animales, los reptiles, y las aves, pues me pesa haberlos creado”.

Genesis 6:5

 

Nadie mejor que el pueblo judío para comprender y palpar los límites del extranjerismo, ese no-ser que el existencialismo, 5.000 años después, sacó a la luz pública. Desde su origen mitológico, con Yahvé expulsándolos de la tierra prometida, y enviándolos a vagar en la tierra, sin encontrar sitio fijo en el cual asentarse –pecado de idolatría es formar naciones; reemplazar a Yahvé por una bandera, unos símbolos patrios–, la diáspora judía ha hecho de la errantería y la extranjería su identidad como cultura: una suerte de primos semíticos de Odiseo, que después de clavar su tridente en Ítaca, recuerda que ahí ya no tiene hogar.

Su formación como caminantes sin camino, esperando a que baje el Mesías de los cielos y los pueda guiar a Zión, la tierra prometida, los mantiene al filo de una vida que se resume en serenidad y servidumbre a Yahvé: él nos eligió a nosotros como Pueblo para cumplir una única tarea: la modestia como norte. 

La esperanza se sitúa más allá: Hatikva. En los montes de Zión y Jerusalén nos veremos las caras con el Salvador, y nuestra tarea se habrá completado. Viviremos en paz.

Pero hay ovejas que en esta errantería sin camino, este extranjerismo recalcitrante, los ha calado hasta buscar una respuesta más inmediata y palpable.

Albert Caraco, uruguayo y judío sefardí, vio en la vida un doloroso absurdo. ¿El prójimo? Un espejo vicioso en el cual nos reconocemos, y nos odiamos. ¿Nuestro objetivo? Desaparecer como raza. Difuminarnos en la oscuridad. 

Caraco es aquel judío que en sus 40 años vagando en el desierto vio a un pueblo hambreado y equivocado: fuimos elegidos para morir.

Como todos los demás.