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Daniel Samper Pizano

Óscar Iván, 'el sol de una esperanza nueva'

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Hasta hace ocho días Óscar Iván Zuluaga era un desconocido precandidato presidencial. Hoy es un desconocido candidato presidencial. La convención del Centro Democrático le puso pantalla a Carlos Holmes Trujillo, conejo a Pacho Santos y corona a Zuluaga. Él será quien intente conducir las huestes uribistas a la Presidencia para formar con el futuro senador Álvaro Uribe “un equipo ganador que devuelva el optimismo a los colombianos”, según sus palabras.

Tan ardua misión lo sería menos si lográramos enterarnos de quién es este caballero al que la derecha nacional propone como jefe del Estado. Sabiendo que lo ignoramos, los dirigentes del movimiento realizan conmovedores esfuerzos por vender a su candidato. Fernando Londoño, con su retórica del siglo XIX, informa que es “un hombre de corazón cordial” (y de “estómago estomacal”, presumo), ideas claras, temperamento tranquilo y amante de su patria chica (Pensilvania, Caldas). Hasta aquí, nada del otro mundo. Luego añade algunas notas peculiares: “adversario temible”, padre de “un proyecto político apasionante”, alguien a quien “le cabe el país en la cabeza” (es cierto: en las fotos se nota), “futuro coloso de la política”, “el hombre que estábamos esperando” y “el sol de una esperanza nueva”. Ni más ni menos.

No dudo de que Zuluaga es un buen tipo y un economista informado. Que esté siempre vestido como si fuera a pedir puesto no habla mal de él, sino de sus asesores de imagen. Pero desbravar a Colombia es cosa seria. De su “apasionante proyecto político” solo conozco dos anuncios: que desmontará el diálogo con las Farc (¿aunque avanzara en términos promisorios?, ¿aunque ofreciera una vía cierta de paz?) y que desacatará el fallo de las aguas del Caribe, demagógico recurso en el que obedece a su jefe y emula a Juan Manuel Santos. Imagino que prometerá combatir la corrupción. Pero, por lo pronto, es mal indicio su saludo público a uno de sus padrinos políticos, el exgobernador Luis Alfredo Ramos, preso por posibles nexos con paramilitares.

Uno de los anzuelos más atractivos que lanzan los vendedores de Zuluaga es que lo escogieron, según Londoño, como “el mejor ministro de Hacienda de toda América”. Inquieto por saber más sobre tan sonoro título, me dediqué a averiguar quién, cuándo y cómo le confirió semejante honor. Supe que lo discernió en el 2009 Euromoney, revista internacional dedicada al sector bancario. En su portal web consta que este premio solo se refiere a América Latina y es uno de casi 100 que dispensa cada año la publicación. El boletín oficial no menciona a Zuluaga. Quien quiera comprobarlo, que acuda a http://www.euromoney.com. A lo mejor tiene suerte y halla en la hojarasca de sus múltiples galardones al “hombre que estábamos esperando”.

Confío, eso sí, en que con él acierten más que con el banco ganador del premio principal en el 2009, el HSBC, que afronta serios líos con las autoridades gringas, mexicanas y argentinas por lavado de narcodólares, evasión fiscal y asociación ilícita (lanación.com, 19/3/2013).

No me parece que este modestísimo y desconocido accésit, tan cacareado en las alabanzas a Zuluaga, constituya título suficiente para convencer a los ciudadanos de elevar el “coloso caldense” al palacio de Nariño. Si carece de otros mejores, mala cosa. En fin: habrá que oír las propuestas del “sol de esperanza”. Pero desde ahora temo que el problema no es él, sino para quién trabaja.

ESQUIRLAS. Un nuevo episodio de corrupción en el Consejo de la Judicatura confirma la podredumbre que corroe a la cúpula judicial. Hace unos años, Argentina estaba igual y lo solucionó. ¿Cómo? Lo revela un informe de El País (30/10/2013): “El máximo tribunal ha ganado prestigio en los últimos años después de que el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) impulsara la remoción de magistrados sospechosos de corrupción y los reemplazara por juristas de trayectoria destacada e independiente”