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Álvaro G. Requena

Opiniones virtuales, sí

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Lo escrito, cuando en blanco y negro, queda y se puede guardar sin mayores esfuerzos. Conozco personas que coleccionan mis artículos ya impresos y también los de algunos otros columnistas. No sé de nadie que haga lo mismo con los que publicamos en la red, pero debe haber quién lo haga.

El artículo de opinión impreso en papel, es decir, publicado en prensa del tipo que sea, tiene muchas probabilidades de ser leído por más personas que el publicado en la red, y más aún en un país como el nuestro con tantas carencias materiales y económicas, pues no todos tienen acceso fácil a Internet y a veces también tienen restricciones de tiempo para navegar y detenerse a leer al articulista que le llamó la atención.

Algo similar, pero de mayor peso, pasa con las noticias que, impresas, son más impresionantes y pueden pasar de mano en mano para su lectura, a muy bajo costo.

Razones suficientes para que el gobierno de Venezuela, irrespetuoso de sus ciudadanos, haya decidido estrangular los medios impresos y radioeléctricos, o comprarlos y limitar así la información y los criterios expresados por los columnistas de opinión.

En El Nacional estamos en la web, somos articulistas virtuales que seguimos escribiendo, pero se han reducido nuestras posibilidades de ser leídos a todo lo largo y ancho del país y, sobre todo, por aquellos con más dificultades económicas y tecnológicas, que son muchos, todavía.

En el diario El Universal, que está en período de purga, casi todos los columnistas, castigados por no seguir las normas que incluso algunos desconocían y que, desde luego, no venían siendo aplicadas en las últimas décadas o más, están en la red. Los podemos seguir leyendo, aún, pero es obvio que ese, al menos para algunos, no es su medio. Quizá el tratamiento de la noticia y la información en general sí debían ser sometidos a un código estricto de respeto, “ético”, como suele decirse, pero los artículos de opinión y las caricaturas, son más del terreno del respeto y las buenas maneras y de las costumbres y usos del momento. Sin embargo, durante la más feroz arremetida realizada por los últimos dos presidentes de la República contra los ciudadanos opositores al régimen, ha sido raro encontrar entre quienes escribimos en la prensa el mismo lenguaje escatológico, insultante y denigrante, que ellos usaron y usan. Dicho esto, creo que la purga es más para complacer al régimen que para realzar el manual de conducta y buen decir de los opinadores.

En definitiva, una vez más, y contra nuestros pronósticos y esperanzas, el gobierno se salió con la suya. Quienes escribimos nuestras opiniones y críticas periódicamente ya no lo hacemos en papel, ahora hemos sido apartados del camino y formamos parte de esa inmensa e inagotable red que llamamos Internet. Ya no formamos parte de un entorno formal tangible, pero sí de una entelequia electrónica intangible y de mucho futuro, pero de distinto sabor y gusto.

alvarogrequena@gmail.com

@arequena