• Caracas (Venezuela)

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Mauricio Palacios

1984 y 1985

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En el marco de los ataques terroristas a Charlie Hebdo por parte de dos extremistas yihadistas, que dejó un trágico saldo de doce muertos, y el secuestro de un mercado judío por parte de otro extremista yihadista, que terminó con el trágico saldo de cinco muertos, me permitiré referir dos obras literarias, una de fama mundial y otra no tanto, con motivo de generar la reflexión sin teñirla de un tono conciliador como si se tratara de un artículo de las Naciones Unidas, ni teñirla de un histerismo falsamente provocador, que para provocadores y en ese contexto europeo, se bastan con los suyos propios. La novela recién salida del escritor francés Michel Houllebecq, Soumission (Sumisión), como muestra de ello. Por otro lado, una tragedia semejante, donde hay pérdida de vidas humanas no da cabida a la ligereza o la liviandad.

En 1984, del escritor George Orwell, se presenta una novela distópica, es decir, donde la historia que conocemos no es la misma, y contiene elementos de una historia alterada que consideramos atroz. El protagonista Wiston Smith vive en un mundo donde tres superpotencias se disputan el mundo, en Estados totalitarios donde absolutamente todo queda bajo el control del partido: tanto vida como pensamiento.

En la novela también existen ministerios, tales como el Ministerio del Amor, el Ministerio de la Paz, el Ministerio de la Abundancia, el Ministerio de la Verdad. Cualquier parecido con realidades cercanas a nosotros los venezolanos ahora mismo, nos puede hacer sonreír amargamente.

En el ensayo «La teoría y la práctica del colectivismo oligárquico», ensayo en el mismo libro, explica la situación geopolítica del mundo del libro. Eurasia (Rusia y Europa) forman una superpotencia. Oceanía (Inglaterra, Estados Unidos y su rango de influencia) forman otra superpotencia y Estasia (conformada por el sudeste asiático) configura la otra superpotencia. Ninguna de las tres puede conquistar a la otra, aun cuando esté en alianza con la superpotencia restante. Wiston Smith vive en Oceanía, donde el partido controla todo, incluyendo los pensamientos de sus camaradas. El Gran Hermano lo está observando, tanto a él como a los demás participantes del colectivismo oligárquico, para que cumplan los preceptos del partido.

Existe, y es explicado en «La teoría y la práctica del colectivismo oligárquico», una falta dentro de los miembros del partido, llamada crimen de pensamiento (thoughtcrime). Un crimen de pensamiento consiste en pensar en contra de los intereses o ideales del partido. La policía del pensamiento (Thought Police) es la encargada, de manera encubierta, de regular estos crímenes, y reportarlos a las autoridades. Tres lemas del poder en la novela son:

La guerra es paz.

La libertad es esclavitud.

La ignorancia es fuerza.

Uno de los mayores temas de la novela consiste en la falsificación de la realidad y la falsificación de la historia, el control del individuo y su manipulación total.

En ese contexto, e inspirado en dicho libro, el autor mejor conocido por su obra La naranja mecánica, Anthony Burgess escribe 1985. La primera parte de la obra consiste en entrevistas y ensayos de Anthony Burgess respecto a la novela 1984 de George Orwell. La segunda parte de la obra consiste en la visión de Burgess sobre el futuro de Inglaterra para el año 1985, donde los sindicatos tienen un poder descomunal, y para lo que nos concierne hoy en día en el marco de los atentados de Charlie Hebdo, Burgess visualiza el auge del islam y la islamización en Inglaterra, donde abundan mezquitas y musulmanes poderosos, y es masiva la inmigración del Medio Oriente.

El diario británico The Telegraph relevó nexos entre Cherif Kouachi, uno de los terroristas de Charlie Hebdo, y Abu Hamza al-Masri, un imán extremista asentado en Londres, que había sido arrestado por instigación de actos terroristas, y extraditado a Estados Unidos, donde cumple condena en prisión.

Para volver a mencionar 1984, y hacer la conexión con 1985, y de paso hablar al respecto del tema de los atentados, me limitaré a mencionar cómo en los juicios relacionados con Abu Hamza, el acusado se defendió alegando seguir órdenes del MI5, para evitar derramamiento de sangre en las calles de Londres.

Sin atreverme a concluir nada al respecto (cada quien puede investigar y sacar sus propias conclusiones), sí me atreveré a decir que detrás de muchos problemas en el mundo actual no existe una dualidad entre bien y mal ni nada en claro, sino un conglomerado de situaciones complejas, intereses de poder y conflictos que no tienen relación directa con los ciudadanos comunes, por lo que opinar dando una sentencia completa, tomando partido sin saber bien a quién se defiende o a quién se ataca, sin saber las complejidades del asunto, por lo menos a mí, me pone los pelos de punta.

Muchas opiniones que uno puede sostener, de este lado del mundo, frente a los conflictos europeos y asiáticos muchas veces pueden tener el mismo tinte de ingenuidad y candidez que tienen muchos franceses o estadounidenses cuando idealizan la “revolución bolivariana”, las guerrillas y toda clase de calamidades que azotan nuestros países en nombre de alguna ideología, la vaguedad de opinar por opinar, o algún idealismo o radicalismo del momento.

Claro está que el repudio a los asesinatos y actos terroristas como arma política o religiosa siempre estará presente.