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Marcos Tarre

Operaciones policiales

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Las operaciones policiales no son solo los grandes despliegues de las OLP, que acaparan los medios de comunicación y generan tantos comentarios, sino también las labores que día a día realizan los agentes policiales. A veces, pequeños detalles de acciones rutinarias pueden decir mucho. Hace unos días, de visita en casa de unos amigos, pude observar de forma casual lo que parecía ser una simple operación de control de la Policía Nacional Bolivariana en la calle Cristóbal Rojas en la urbanización Santa Mónica, en Caracas, temprano en la mañana. Unos ocho funcionarios en motos de alta cilindrada, uniformados, con cascos, correajes, armados y vestidos con chalecos amarillos bloqueron la calle, permitiendo la circulación de vehículos por un solo canal. Los quince o veinte minutos que permanecieron los agentes en la calle fueron muy reveladores bajo diferentes facetas.

Esa zona de la calle Cristóbal Rojas, de quintas, pero en la que también funcionan guarderías infantiles, una academia de música, consultorios médicos, oficinas y pequeñas industrias, suele estar bastante concurrida, bien sea por vecinos que entran o salen, gente que barre o lava la acera, motorizados con encomiendas, personas que transitan en uno u otro sentido, vecinos que sacan a pasear el perro o vendedores ambulantes, camiones de frutas y verduras, el amolador, jardineros que ofrecen sus servicios, amigas o amigos que conversan; otros que salen a dejar las bolsas de basura… Los minutos en los que los funcionarios policiales pusieron el control, la calle lució extrañamente vacía. Nadie la transitaba, solo vehículos, motos o carros que venían ya rodando por esa calle que tiene circulación en sentido único, hacia el oeste, pero ningún peatón la recorría. Algunos vecinos se asomaron a la puerta y decidieron reingresar a sus casas. En otras palabras, una comunidad normal y corriente que debería agradecer la presencia policial, expresa un sentimiento totalmente opuesto: le tiene miedo y rechaza a los funcionarios. Claro que las expresiones, gestos y actitudes patibularias de los agentes no ayudaban mucho… En esos pocos minutos se pudo constatar de forma directa y práctica lo que afirman las encuestas de opinión pública sobre la enorme desconfianza del ciudadano hacia sus cuerpos policiales.

Otro aspecto interesante fue la forma absolutamente subjetiva o caprichosa de los funcionarios para detener y pedir documentación a los vehículos que por ahí pasaron. De inmediato pararon a un motorizado con parrillero, dos hombres con aspecto de trabajadores, llevando incluso una caja de herramientas y comensaron a pedirles todo tipo de papeles. Pero mientras eso sucedía, pasaron otros motorizados a los que no detuvieron. Un funcionario le hizo señas de avanzar a una camioneta y dos metros más allá uno de sus compañeros corrió para detenerla. ¿Cuáles son los criterios empleados por los funcionarios para decidir a quién le piden documentos y a quién dejan pasar? ¿Es que existe alguna normativa u órdenes superiores preestablecidas? ¿Qué instrucciones o parámetros reciben los funcionarios para ese tipo de operaciones de calle?

La tercera observación es más grave y de fondo. Se supone que desde el año 2006 está en vigencia la Resolución 189 del Ministerio del Interior y Justicia que regula “los operativos de seguridad ciudadana conocidos como alcabalas y Puntos de control móvil en áreas urbanas”. Esa resolución fue dictada por el entonces ministro Jesse Chacón, luego de graves incidentes, abusos y errores cometidos en alcabalas en el país, especialmente el triste caso Faddoul, cuando los tres niños y su conductor fueron detenidos en una falsa alcabala, secuestrados y luego ejecutados. La resolución prohíbe el establecimiento de alcabalas y puntos de control móvil sin previa notificación y aprobación del Ministerio del Interior. Igualmente establece que en esas alcabalas aprobadas deben emplearse conos que señalen su presencia, así como cárteles que indiquen, cincuenta metros antes, la presencia de la alcabala. También señala el texto que las alcabalas deben de coordinarse con las comunidades. El único punto de la normativa que cumplieron los funcionarios de la PNB era que estaban debidamente uniformados, sus motos bien identificadas, pero nada de conos, ni de letreros o pancartas de advertencia y dudamos de que para estas operaciones se pida la autorización del ministerio.

Y por último, aparte de evidenciar “presencia policial” en la calle, lo que debería tener un evidente papel positivo y disuasivo, ¿son efectivos para mejorar la seguridad ciudadana y combatir el crimen este tipo de operaciones policiales? ¿No sería preferible más inteligencia policial, canalizar los limitados esfuerzos y recursos disponibles hacia objetivos más definidos, hacia tareas más precisas? Y por otra parte, ese tipo de “operativos” de calle puede hacerse de forma más amigable para los vecinos, incorporando canales de información o comunicación, con el apoyo de las direcciones de relaciones con la comunidad que todas las policías tienen.

Al cabo de los quince o veinte minutos, con un gesto del que fungía como jefe del grupo, los funcionarios subieron a sus motos. Dejaron ahí, con los papeles en la mano al motorizado y al parrillero que habían detenido y arrancaron veloces, haciendo rugir los motores de gran cilindrada de sus motos. Todos rodaron comiéndose la flecha, en sentido contrario al legalmente establecido, como si la más elemental norma de tránsito terrestre no tuviera nada que ver con ellos…