• Caracas (Venezuela)

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Sergio Antillano

Olor de casas olvidadas

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A Lourdes Armas

“...¿Tú no me conoces?”, me dijo en la acera, cuando yo iba camino a estudiar. Achicharrante, el solazo hacía desaparecer los colores de las casas, con fuerza de luz que torna todo en blanco y arruga el rostro de cualquiera, obligando a cerrar los ojos. Traté de reconocer a contraluz a este hombre anciano, de sombrero, vestido formalmente, que me interrogaba. “No, no lo conozco, ¿porqué?”, contesté. “Es que no recuerdo dónde vivo… y sé que es por aquí”. Me sentí ante un problema más difícil de resolver que los que me esperaban en libros. “Y ¿por dónde vive usted?”… “Yo vivo en Santa Lucía”.

La iglesia de la virgen ciega, estaba allí, a dos cuadras. Esa parroquia de Maracaibo, conocida por sus gaitas y casitas multicolores, tenía entonces, diagonal a la iglesia, un abasto donde inmensa, en la pared, Marilyn Monroe, reinaba sobre estantes repletos de productos que vendían los Di Brígida. Las hojas batientes de una ventana de madera, crujieron al abrirse tras los barrotes, dejando ver a una robusta muchacha que se sentó, tal mantuana, a ver pasar la tarde. Ella podía ser la solución. Las ventanas de El Empedra’o, son una versión particular de las coloniales.

El anciano se arregló el sombrero y el saco, para consultar la ventana, posando como para una fotografía. “Buenas tardes, ¿tú conoces a este señor? –dije a través de los barrotes–... Está perdido… no recuerda dónde vive”. “Ay, Dios… pobrecito. No, yo nunca lo he visto. ¿Seguro que vive por aquí?… Capaz que mamá sí lo conoce… Mamá!”, gritó; mientras el señor me susurraba: “¿No me conoce?…”.

“Mirá, pero pasen pa’dentro. Allá fuera hay mucho sol”, dijo la joven mientras abría la puerta del zaguán. Pisos de baldosas amarillas-moradas brillaban pulidas en la sala, bajo escasos muebles protegidos desde la pared de bahareque pintado, por La última cena, en metal repujado, que brillaba como cromada. Era un ámbito de los que Pedro Morales reproduce en cuadros y computadoras. La casa que llaman “colonial”, de techos altos de caña por dentro y tejas por fuera; que doma el clima y que está llena de afecto. Esas casas se están desvaneciendo. Se ha reducido su número y la salud de las que quedan. De tejas y aleros, zaguán abierto, y pisos con hermosos dibujos que ya no brillan, están con paredes decoloradas, escarapeladas, y aluminio sustituye las tejas. Se caen a pedazos; tratan de sobrevivir solitarias, a la indiferencia, al inclemente clima y al paso del tiempo. Son casas de inteligente arquitectura tradicional, que pasan desapercibidas, como el anciano desmemoriado, del sombrero.

Por estrechas calles, de altas aceras, que dejan apenas espacio para un carro, explicamos a muchos el asunto del señor que no recordaba dónde vivía y buscaba su camino a casa. Nadie le conocía. Pasamos el retén de Bella Vista; seguimos hasta la plaza “la muñeca”, como la gente bautizó a una diminuta copia de la estatua de La Libertad de Nueva York, que nadie reconoció como tal. Los rostros curiosos veían al viejo que olvidó su destino y decían no haberlo visto antes.

Después de un largo recorrido infructuoso, por calles donde el sol espanta todo caminante, llegamos a la placita Ana María Campos, con su estatua de una mujer más grande que el burro donde va sentada. De golpe, el viejito dijo emocionado: “…¡Yo vivo por aquí! No sé dónde…pero es por aquí, porque ¡así huele mi casa!”. El olor era fuerte, a cebada quemada…

Alemanes fundaron la cervecería Zulia en la antesala de Santa Lucía, ocupando manzanas del cuadriculado urbanismo del Maracaibo remoto. Un muro impedía ver dónde nacía la bebida del “¡Pida Zulia, y le darán cerveza!” y del “¡Agarra el águila por el pico!”. De sus altas chimeneas, emanaba un olor característico de la zona, que ayudó al anciano a encontrar su camino perdido. Ese aroma, de identidad, le llevó a su hogar donde, sonreído, abrazó al pariente que abrió la puerta de romanillas del zaguán. Al contar esto a mi mamá, me dijo casi como reclamo: “¿Por qué no te lo trajiste para acá para la casa?”.

*Planificador ambiental. Comunicador visual. Ingeniero