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Pedro Llorens

Ofreció un sol y un cielo entero

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Lo mismo de noche que de día, siempre está presente, impasible, inmóvil, en los árboles, en los postes de la electricidad, en los muros, con los ojos clavados en todo el que pasa, el que se detiene, el que cruza, el que se devuelve, el que para o el que arranca, a pie o en carro…

Y con un rictus en los labios que ensancha las comisuras (nada confunde más que la risa de un manso) y termina de dejar fuera sus dientes, probablemente porque no le caben en la boca…

Es uno de los bienaventurados de Corazón de la Patria, sin pasado y sin futuro, con mucha presencia en el reino, donde el solo hecho de no ser considerado lo peor ya es un elogio…

Y vale para ser ministro, vicepresidente y candidato a gobernador si es que admite, como lo hace Elías Jaua, que la candidatura, la campaña, las ideas y la plata para ejecutarlas pertenecen a ese “dedazo” descomunal al que ha jurado sumisión incondicional… “Un estado con fuertes necesidades sociales requiere de un gobernador comprometido”, una manera de decir que si gana le restituirán a Miranda todo lo que le han quitado (y le dejarán lo que piensan quitarle) y le entregarán el dinero que le deben y mucho más, no tanto como para beneficiar al pueblo como para mantener a su hombre en el poder.

Son las condiciones del tirano-dictador-autócrata, antes Tribilín, ahora Corazón de mi Pueblo (todavía no sabemos cómo calificarlo para no herir susceptibilidades en la oposición), aprendidas de la URSS, de Cuba y de Corea del Norte, cuando estos países ya no tenían nada que enseñar: los alumnos habían abandonado sus aulas y sólo quedaba el recomendado de Fidel (¡cuiden a ese, miren que vale una fortuna!, dijo el dictador cubano, es decir, el comandante en jefe, Presidente de los consejo de Estado y de ministros de la República y primer secretario del Partido Comunista)…

Últimamente, antes del undécimo viaje a Cuba, seis meses después de la última sesión de terapia contra el cáncer, alternaba sus extravagancias de maníaco depresivo con apariciones por televisión en las que hablaba “de amor y de ilusiones” y ofrecía “un sol y un cielo entero”, como si se tratara de José Alfredo Jiménez, pero muy afectado, empalagoso, melindroso, insoportable…

Seguramente no sabe que José Alfredo es el autor de una ranchera que muchos guardan grabada, junto con una botella de tequila, lista para “tupirle con fe” cuando llegue la ocasión: “Qué bonita es la venganza/ cuando Dios nos la concede/ ya sabía que en la revancha/ te tenía que hacer perder…”.