• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rodolfo Izaguirre

Ofrecimiento

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“¡Aquí, esperando que Maduro me llame para formar gobierno!”, digo ahora a quien me saluda. Estoy dispuesto a hacerlo porque creo que necesita de un buen consejero. La política no es mi oficio, pero cultivo la certeza de que podría asesorar al presidente. Bastaría aplicar el menos común de los sentidos que es el sentido común e indicarle que el mejor camino a seguir es desandar el trazado por el comandante fallecido. No le pediré que coloque su retrato boca abajo, le clave alfileres o le ponga trampajaulas. ¡Dios me libre! Le pediré, simplemente, que reconozca y acepte la división de los poderes; se desprenda del abrigo militar, devuelva lo expropiado, proteja a los inversionistas, deje de considerar fascistas a la mitad de los habitantes del país y entienda que también yo formo parte de la patria que él tanto pondera con la diferencia, sin embargo, de que no la glorifico. Quiero decir, que no vacilo en decirle a esa patria que no le conviene el populismo al que se abraza de manera tan ciega e irresponsable; que es deshonesta; que se ha dejado traicionar sin vergüenza alguna desde los cuarteles y ha terminado por postrarse sumisa al régimen personalista que abruma a los cubanos.

Me advierten que no le resultará cómodo tenerme a su lado. Ha dado muestras suficientes de empecinamiento y terquedad. Acaba de pronunciar la palabra “dictador” para referirse a sí mismo y sigue cavando el suelo que pisa. En mi juventud, lo manuales comunistas aseguraban que el capitalismo estaba cavando su propia fosa sin advertir que era el propio universo soviético el que se estaba hundiendo. En cualquier caso, ¡siempre ha habido en Miraflores quienes tienen ojos y no ven...!

En Las mil y una noche hay visires que se disfrazan de plebeyos y salen del palacio, no en alfombras mágicas ni con escoltas, sino solos y a pie con el propósito de recorrer la ciudad para constatar lo mal que vive la gente. Se dice que un rey que masacra a los elefantes también llegó a hacerlo, pero no para satisfacer un noble propósito de exploración social sino para escapar, aburrido, de la mujer y de las dos hijas mal casadas. El presidente venezolano podría hacer algo similar: disfrazarse de empleado del Metro de Caracas, por ejemplo, salir de Miraflores y entrar en Gama o en cualquier otro supermercado y constatar, sin que nadie se lo diga, la gravedad del desabastecimiento o preguntar en Farmatodo si tienen leche de magnesia, hojillas de afeitar, Alka Seltzer o acetona. Se percataría de que no necesita de tantos viceministros inútiles sino de alguien que le diga la verdad de lo que está sucediendo. ¡Ese alguien podría ser este humilde servidor sin militancia política!
¿Oportunismo? ¡Qué va! ¿Apetencia de poder o de dinero? ¡Cómo se ve que no me conoces! Tengo 83 años y paulatinamente he perdido mi identidad al convertirme primero en el señor Lobo, cuando me casé con Belén Lobo; luego en el “papá de Boris” y, para otros, en el abuelito de Claudia y Verónica, y me he ido despojando de todo tipo de bienes materiales. He disminuido el número de actividades que creía importantes cuando descubrí que no solo eran inútiles sino que rozaban la vanidad de creerme indispensable y, al hacerlo, recuperé el don de maravillarme. Me percaté hace tiempo de que también contribuía yo a contaminar el universo y debía, por lo tanto, comenzar a descontaminarme a mí mismo empezando por eliminar cualquier toxina derivada de las ideologías. Me ejercito, además, en lo que se llama la no posesión. Es decir, que al no tener ningún futuro a la vista no me anima o apetece poseer ningún bien material. Lo único que me importaría, antes de morir, es saber que el desorientado país encontró el camino que creía perdido. De allí que aspire, ilusoriamente, a que el presidente permita que lo ayude a encontrarlo y me llame un día para formar gobierno.