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Fernando Luis Egaña

Obama no me podía fallar

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El viejo se frota las manos en su mecedora habanera. “Las cosas no están saliendo nada mal”, piensa para sus adentros, porque para sus afueras no hay palabras públicas. No hacen falta. Los ejecutores son los que las pronuncian. Y en abundancia. Con el predecesor era así y con el sucesor también. El viejo lleva meses urdiendo las cosas, las más recientes, eso que el predecesor llamaba “la estrategia perfecta”.

En el caso que nos ocupa, el que está desenvolviéndose, el objetivo es apuntalar al sucesor frente a sus adversarios internos. Reposicionarlo como el sucesor legítimo del ensamble político-militar, como el nuevo hegemón de la hegemonía, incluso con perfil militarista. Solo así, con el poder más sujeto y menos disperso, se podrá evitar que el deslave económico-social sirva de excusa a los enemigos endógenos para sacarlo de donde está.

Para el viejo, el asunto es de vida o muerte porque los millardos de dólares que el sucesor le garantiza, cada año, son vitales para mantener su propia hegemonía antillana. Su hegemonía familiar y dinástica. Y el viejo sabe por diablo y por viejo. No se va de bruces. Se prepara, se anticipa, va colocando sus piezas en el tablero, y se aprovecha de la previsibilidad ajena.

Hace meses que viene agitando, nuevamente, el tema del golpe de Estado urdido por el Imperio y por sus lacayos domésticos. El golpe de los tucanos y las inculpaciones opositoras, los enjuiciamientos y los carcelazos, todo eso pretende dar tramoya al escenario. El golpe que en verdad teme, es el de Pepe Mujica, el de los militares del proceso… Pero eso lo enfrenta el viejo con su talento para la manipulación.

El viejo conoce muy bien cómo funciona la burocracia gringa, cómo se relacionan y reparten el poder el Congreso, la Casa Blanca y el resto del entramado. Habiéndose producido un acto legislativo en relación con el despotismo imperante en Venezuela, la administración de Obama tenía que anunciar algunas medidas, así fuera para saludar a la bandera. Y bueno, si alguien es experto en hipérboles gringas (Venezuela como amenaza de la seguridad nacional…), ese es el viejo. Y el rompecabezas de pronto se arma, las piezas sueltas –en apariencia–, encajan. Las sanciones contra siete funcionarios, colocadas en el recreado, reiterado y exacerbado ambiente comunicacional del golpe de Estado imperial, se transmutan en una amenaza definitiva contra la soberanía patria.

Y de allí puede venir lo que sea. Leyes habilitantes antiimperialistas, movilizaciones milicianas a escala nacional, el sucesor en andanzas de generalísimo en campaña, cayapas multiplicadas en contra de las oposiciones, reforzamiento de todos los controles políticos, económicos y sociales, incluyendo el electoral, y en fin, tantas y tantas cosas que el viejo concibe y pone en práctica a través de sus ejecutores.

Sí, el viejo piensa que Obama no le podía fallar. Y tiene razón. También piensa, frotándose las manos en su mecedora habanera, que las cosas no están saliendo tan mal… ¿Y hasta cuándo se saldrá con la suya?

 

flegana@gmail.com