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Itxu Díaz

Obama, Honolulu te espera

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Hay gobernantes que dejan su huella en la historia, y gobernantes que dejan su mancha en la historia. Sin embargo, rara vez el inquilino de la Casa Blanca resulta un ser políticamente inexistente, tanto dentro como fuera de sus fronteras. No creo que haya nada más difícil en política que conseguir ser un presidente de Estados Unidos irrelevante. 

A Obama honro, homenajeo y reconozco hoy, por tan inmensa gesta. Ser un cero a la izquierda y ocupar el sillón del tipo más importante del planeta es algo que sólo está al alcance de hombres muy preparados, alejados de toda negligencia improvisada, capaces de conseguir minar su propio crédito paulatinamente, en un esfuerzo decidido por alcanzar el desprestigio de forma lenta pero segura.

A Obama no le escucha hoy ni su mayordomo. Nada queda de aquel gigante cuyos discursos parecían aire nuevo. Aunque a decir verdad, en efecto, eran exactamente eso: aire. 

Hemos tardado años en saber que Obama no es más que un cierto ego inflado por el viento del cambio, del cambio a ningún lugar. Una burbuja. ¡Plop! De acuerdo, Barack. Fue bonito. Llegaste al poder. 

La gente recitó todas aquellas cursiladas haciendo gala, por cierto, de un racismo inaudito, cuando supongo que pretendían lo contrario. Y el mundo entero dijo que el “Gandhi negro” había llegado a la Casa Blanca. 

Después se sucedieron los acontecimientos. Una noche bailabas un poco de salsa, otro tarde aprobabas una controvertida operación de espionaje internacional. 

Lo típico. Un día, con esa amplia sonrisa para la galería y ese Nobel de la Paz expuesto en el zaguán, baleaste al terrorista Bin Laden y los tuyos te lo perdonaron, pensando que se trataba solo de una noche de borrachera política. Supongo que todo el mundo ha soñado alguna vez con matar al malo a través de una pantalla gigante. 

Pulsando un botón. Como en un videojuego. Pero en agosto de 2014 las cosas no pueden ir peor, Barack. ¿Dónde están los Estados Unidos? ¿Qué estás haciendo?¿Nada? Ese es el problema. 

Un presidente de los Estados Unidos pueden hacerlo todo lo mal o todo lo bien que quiera, pero ha de hacerlo. La única condición es hacerlo y asumir las consecuencias. El papel de Estados Unidos en Ucrania es un papel en blanco. La posición de Obama sobre los atropellos de Maduro en Venezuela no la conoce ni Obama. 

Han tenido que publicarse cientos de imágenes de decapitaciones y crucifixiones salvajes del Estado Islámico en Irak y Siria para que el gobernante de la potencia número uno en el mundo se dignara a hacer algo más que emitir condenas oficiales, que es algo que Barak Obama escupe sin descanso, como hamburguesas en un restaurante de comida rápida. Cada vez que Bush convocaba a la prensa con urgencia, la gente se preguntaba “¿qué va a bombardear?”.

Cada vez que Obama convoca a la prensa con urgencia, la gente se pregunta “¿qué va a condenar?” Nadie cree hoy en Obama por la misma razón por la que nadie lo detesta. Porque es imposible enfrentarse a la inanidad política. 

Sin embargo, albergo una tenue esperanza en que haga un gesto de patriotismo postrero, y decida dar un paso al frente, y luego otro paso al frente, y luego otro paso al frente, y otro paso al frente más, y otro más, y así hasta llegar a Honololu, donde sin duda podrá dedicarse a lo mismo que hace ahora sin que nadie perciba la diferencia. 

Que a decir verdad, el único presidente demócrata en activo que hay hoy en los Estados Unidos es mujer, y se llama Hillary Clinton. Y eso a pesar de no tener más cargo que el de aspirante a ocupar la actual vacante de la Casa Blanca. 

Dice Obama que siempre “valora” sus opiniones, precisamente ahora que Hilary ha salido a criticar duramente al Gobierno por su política exterior. 

Y hasta en eso se ha excedido la ex Secretaria de Estado. Para poder decir algo así, Obama tendría que tener una política exterior. Lo que hace John Kerry se llama simplemente viajar gratis.