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Lorena González

Nuevas consideraciones

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                El pasado 19 de octubre clausuró la XV edición de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo. Bajo el lema “Ciudadano Lector” y en un convulso espacio en el sótano del CC Metrópolis del Municipio San Diego, se dieron cita no sólo un profuso número de convidados a la lectura que superó con creces las expectativas de los organizadores, sino también una gran cantidad de artistas, gestores, poetas, narradores, críticos, ensayistas, fotógrafos, humoristas y periodistas que activaron el diálogo, el conocimiento y el intercambio con públicos de todas las edades. Con México como país invitado de honor, el encuentro abrió las puertas a talleres de periodismo, fotografía, narrativa, poesía y temas editoriales. En un nutrido cronograma encontraron espacio conferencias magistrales, foros sobre ciudadanía, literatura y cultura, junto a actividades constantes en el área de la promoción de la lectura para niños. En esta dinámica afluencia que ya sobrepasa los espacios destinados para tal fin, los homenajes fueron tema capital de la FILUC. Este año destacaba en ese renglón nuestro querido escritor, crítico, docente, artista e investigador incansable de las artes: Perán Erminy.

                Junto a las voces de Fernando Rodríguez, Carmen Sofía Leoni y Edda Armas me tocó el sábado 18 participar de esta actividad que bajo el título Luz en el laberinto, rindió una merecida deferencia a esa inquieta mirada que en nuestra historiografía es la voz de Perán. Cuando me tocó hablar, lo primero que recordé fue su colaboración abierta conmigo y con la artista Deborah Castillo en el proyecto Caracas: el nuevo circo. Un complejo bestiario de curadores y artistas con los cuales esta creadora intentó registrar un precedente en el año 2009 sobre las aciagas políticas culturales de un estado que estaba fracturando los nexos entre las instituciones y los creadores, politizando y sesgando la participación abierta de todos en el ejercicio cultural. Para ambas (yo como curadora y Deborah como artista) la inclusión de Perán en este performance fue crucial para el proyecto, extendiendo un campo generacional con un colaborador insigne en varios de los momentos más complejos de la historia cultural venezolana.

                Más allá de mi visión, lo valioso fue cotejar en los testimonios que pronunciaron los demás participantes, el mismo núcleo de consideraciones donde resaltó ese ser de una sola pieza que es Perán: un hombre tan crítico como ético que ha sabido ser generoso y vital, sin dejar nunca su temple avizor frente a las trampas de los tiempos que le han tocado vivir. Fiel a ese espíritu que lo caracteriza cerró el homenaje con una intervención primordial que confirmó lo expuesto y el título del propio homenaje. En primer lugar agradeció con emoción las palabras de todos. Sin embargo, expresó que no le cuadraba mucho el tema de Ciudadano lector argumentando que estamos en un momento donde la ciudadanía no se ejerce con libertad y las lecturas están cercenadas: “A mi lado está el coordinador del diario Tal Cual pronto a cerrar sus páginas por falta de papel, y estamos sentados en un municipio donde un alcalde injustamente preso está siendo víctima de la violación de sus derechos humanos. Por eso creo que para ser un verdadero ciudadano lector no deberíamos estar aquí, sino exigiendo y definiendo lo que eso realmente debe ser para todos nosotros”