• Caracas (Venezuela)

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Rubén Osorio Canales

Noticias de primera página

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A los conductores de este desastre usted los escucha hablar sobre la situación del país y no puede dar crédito a tanto cinismo. Los escucha hablar sobre la visión negativa y horripilante, la única que la realidad ofrece, no hay otra, que de este país tiene el mundo democrático y civilizado y le vienen sensaciones de lo más extremas cuando denuncian una campaña mediática internacional para desprestigiar a Venezuela y su “revolución” sin entender que ningún medio de comunicación puede omitir en sus páginas, titulares como los que le ofrecen las cabezas que controlan el partido de gobierno y las más prominentes figuras que en la cúpula mayor hacen vida. Bastaría con lo que a diario declaran para llenar todas las páginas de un periódico y faltarían más si es que queremos añadir algún comentario.

Dígame usted querido lector ¿qué medio de comunicación que se respete, no pondría en primera plana declaraciones y afirmaciones como las que a diario en cadenas llenas de delirio, lenguaje insultante y mucho culillo pronuncia el presidente Maduro? ¿Cuál medio en el mundo se abstendría de poner en primera plana los insultos, declaraciones y gritos a nivel de histeria que a diario brinda como hiena herida nuestra canciller o las calumnias y amenazas de muerte que con mazo en mano pone en el aire el ex presidente de la AN en una permanente exhibición de su barbarie? ¿Cómo suprimir de ese sitial a cuatro o seis columnas y letra grande y gruesa, las continuas y en ocasiones siniestras declaraciones de El Aisami, o las cínicas afirmaciones de Jorge Rodríguez, los insultos de Maduro a Rajoy, a Almagro, a Felipe González y a todos aquellos líderes democráticos que han manifestado preocupación por la crisis política, social, económica y en definitiva humanitaria que vive Venezuela? ¿Cómo silenciar la existencia de presos políticos que además según denuncias, reciben trato indigno y son torturados? ¿Cómo puede la libertad de información a nivel internacional no dar cuenta de las razones que más de treinta ex mandatarios, demócratas todos, esgrimen para aplicar la Carta Democrática, si la misma es violada a diario por un régimen que agrede la voluntad popular? ¿Cómo no colocar en los titulares de la más agresiva crónica roja, que colectivos armados en apoyo al régimen le caen a palos a los periodistas y a cuanta persona ande por las calles con una camarita? ¿Cómo no reportar por todos los medio imaginables que parroquias, aldeas, suburbios y hasta ciudades salen a la calle en son de protesta cada vez más bravas por la simplísima razón de no encontrar ni comida, ni medicinas? Dígame usted si existe algún periodista que se respete capaz de no lanzar primicias como la declaración de un Presidente que amenaza al ¿Presidente de la AN con enjuiciarlo como traidor a la patria por el simple hecho de pedir un derecho de palabra en el seno de la OEA? ¿Cómo no colocar en la primera página de cualquier medio de comunicación y en modo particular en medios dedicados al humor la detención de dos burros por llevar pancartas contra la rectoría electoral, o cómo no llevar a las páginas dedicadas al insólito universo la declaración de Maduro diciendo que Venezuela “es la reina de la democracia”? ¿Dígame usted cual es el reportero gráfico que puede hacerse el loco ante un cuadro que muestra a personas en la calle, no precisamente indigentes, buscando alimentos en la basura? ¿O cual es el comunicador que se pueda eximir de publicar en medio de la hambruna  que se cierne sobre un país, que el gobierno invierta cuatro veces más en la compra de armas que en la compra de alimentos? Ni qué decir sobre los textos y cuñas propagandísticas en las que se afirma que Venezuela es el único país en el que no hay analfabetas y la gente come más de tres veces diarias, como si los venezolanos no sintiésemos y la comunidad internacional no tuviese ojos para ver lo que todos están viendo sin necesidad de usar lentes y el régimen se niega a reconocer. ¿Cómo no se van a encender las alarmas del amarillismo si vemos a un Presidente diciendo que va a presentar las pruebas en secreto de que la oposición tiene un plan para matarlos y alude a unos fulanos papeles desclasificados?

Es imposible que estos hechos pasen desapercibidos como quisiera el régimen porque son, en su esencia, fondo y forma, noticias todas de primera página. Y lo peor es que ningún régimen, que es el caso del nuestro, que asume la dictadura como forma de gobierno ha entendido, que por férrea que sea la censura, por cruel que sea la represión, por más que los gritos de amenazas desafinen tanto como el ruido de una peinilla antes de golpear al indefenso ciudadano que protesta por sus derechos, la verdad siempre sale y se impone a la oscuridad decretada.

El asunto más grave es que titulares como los aquí señalados se desarrollaron, crecieron y se multiplicaron a raíz de aquel parto equivocado y nefasto de nuestra historia que ocurrió hace diecisiete años amparado en el entusiasmo popular que despierta todo discurso lleno de las mentiras y promesas que todo pueblo insatisfecho quiere escuchar y en un barril de petróleo que llegó a los ciento veinte dólares.

Por no querer agredir a nuestros lectores, no presentamos en la lista de titulares que aquí citamos a manera de ejemplo, todas aquellas promesas incumplidas, comenzando por aquella en la que el caudillo, con la voz más engolada que nunca, dijo que Venezuela sería una potencia mundial, o aquella otra pronunciada en la Plaza Caracas el mismo día de su toma de posesión en la que juró renunciar a su cargo si al cabo de un año, los niños de la calle no estaban en las escuelas. Es bueno recordar que todo cuanto ejecutó para lograrlo fracasó y que aquellos niños se convirtieron en los “pranes” que azotan a la sociedad venezolana y llenan de temor las calles del país, amparados como están por la impunidad decretada, fuera de gaceta, por el régimen. Los titulares por venir tendrán que sortear esa muralla vil que llamamos censura, sobre todo ahora cuando la distribución de la comida ha pasado a ser con esa fórmula satánica llamada CLAPS, una nueva forma de castigo y sometimiento a una población que se resiste a morir de hambre y ese invento de las planillas del arrepentimiento, una simple variación sobre el mismo tema que se ejecutó con las planillas de Tascón.