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Graciela Melgarejo

Normas que nos resistimos a aceptar

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Alguna vez, la escritora Clarice Lispector (1920-1977) se refirió así a su tarea: “Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible”. Esta frase da pie para hacer dos reflexiones: la primera, que cada artista tiene una definición propia e intransferible sobre lo que hace; la segunda, que para poder entendernos entre todos es por lo que surgen las reglas del idioma, que son reglas y no leyes, y por eso cambian y se adecuan a los tiempos.

Docente de periodismo en la Universidad de Palermo, el lector Ary Gutman tiene, a propósito de algunos de esos recientes cambios en las normas, sus propias críticas. El 13 de enero, escribe este correo electrónico: “Hace unos días me reí mucho cuando el diario El País de España tituló un artículo ‘Los expresos de ETA no serán trasladados’, o algo similar. Por supuesto, del contexto se desprendía perfectamente el significado, pero...”. El lector se está refiriendo a lo decidido por la Real Academia Española para el prefijo ex-: a partir de la última edición de la Ortografía de la lengua española, en diciembre de 2010, el prefijo ex- funciona como todos los demás prefijos, es decir, que se escribe unido a la palabra siguiente (ver artículo completo en http://bit.ly/1i9Vlq3). En muchos medios de comunicación, sin embargo, todavía se sigue escribiendo separado (por ejemplo, en La Nación). Hay lectores que, como Gutman –“Nos negamos”, dice-, también se resisten al cambio.