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Pedro Llorens

Nicolás no es maduro ni Cabello es diosdado

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Hugo Chávez era, según su psiquiatra Edmundo Chirinos, “un hombre hiperquinético, imprudente e impuntual, que sobrerreaccionaba a las críticas, guardaba rencores, astuto y manipulador”; según el médico profesor de bioquímica Carlos Augusto González, “un narcisista maligno”; según el psiquiatra Luis José Uzcátegui, alguien que pudo haber estado cerca de estados narcisistas, histriónicos, rozando la paranoia”; según la investigadora María J. Bustamente, “una persona que exhibía de manera ostensible la sintomatología narcisista; y según la profesora Adriana Bolívar, un personaje que revelaba “autofoco atencional asociado con el síndrome narcisista”.

Los diagnósticos sugieren que el personaje era menos maduro que Nicolás y más diosdado que Cabello, pero difieren en la calidad de la psicosis: Uzcátegui habla de narcisismo más bien histriónico, lo cual cuadra con el papel que interpretaba por TV, mientras que González lo señala como narcisista maligno, y Chirinos, aunque intenta hacer un retrato light de su paciente, lo muestra rencoroso, astuto y manipulador, tal como deben percibirlo quienes fueron alcanzados por su ira, entre otros el comisario Iván Simonovis, encarcelado por un hecho ocurrido hace 12 años en el cual no participó, mientras que los verdaderos culpables fueron absueltos y gozan de un estatus de casi héroes.

Prueba de la malignidad de ese narcisista está en aquella imborrable escena en la que, burlón y despectivo, se puso a leer por cadena de radio y televisión, la lista de los integrantes de la nómina mayor de Pdvsa, y al final de cada nombre ordenaba: “Tá botao” o “tá raspao” (en este genocidio laboral fueron despedidos, mediante una “rabo e’cochino”, sin juicio ni intermediarios, más de 20.000 trabajadores).

Lo insólito es que quienes hablan del legado del “comandante eterno galáctico” que, como vemos, no pasó de ser un paranoico con todos los semáforos en verde, capaz de cualquier extravío mental con la suerte siempre a su favor: perdonado, tolerado, restituido y alimentado con creces en su narcisismo (especie de Cristiano Ronaldo con permiso para ordenar penaltis y expulsar a los árbitros que se nieguen a pitarlos), no hayan sido capaces de entender que les dejó un país en ruinas, que requiere medidas urgentes para unir sus pedazos, restituir el patrimonio entregado a sus amores y perdonar a las víctimas de sus odios. El perdón de Simonovis lo remiten a sus supuestas víctimas, y a Leopoldo López le anuncian un atentado para que se entregue.

pllorens@el-nacional-com