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Claudio Nazoa

Nicolás, el gran estafador

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Cuando pronunciamos el nombre de Nicolás, nos retraemos a la infancia. Recordamos a un señor gordote, vestido con traje rojo y montado sobre un trineo volador que era tirado por renos sin alas, ¿un poco loco, verdad? Pero qué feliz nos hacía la imagen del gordo bonachón; es más, ese señor, a los grandes, aún nos hace felices, porque nos ayuda a revivir la inocencia de la Navidad que, por más ateo y comunista que alguien sea, es la época más bonita del año.

Pero el Nicolás al que hoy me voy a referir es otro: un Nicolás como san Nicolás pero al revés. Un Nicolás que valiéndose de su poder, en lugar de dar, quita. Un Nicolás que no viaja en trineo sino en primera clase de lujosos aviones y en elegantes limosinas con chofer y sirenas, para abrirse paso entre enojados ciudadanos comunes y corrientes, que consideran un abuso utilizar el poder para no padecer lo que todos padecen. Un Nicolás a quien le gusta vestir trajes de marca y finos relojes.

Realmente, el Nicolás al que me refiero es un tipo osado que abusó de su suerte: pasó de ser un hombre de extracción humilde a convertirse en un hombre enceguecido y con ansias de poder. Ahora codeado con políticos, jefes de Estados y hasta con reyes.

Nicolás, viéndolo bien, es guapo. Poco a poco se ha dado cuenta de lo sabroso que es ser poderoso, rodeado siempre de aduladores que creen que estando cerca de él van a conseguir prebendas o chanchullos.

Tuve, la semana pasada, la oportunidad de escuchar a Nicolás en una perorata televisada, explicando su particular forma de andar en esta vida. Según él, utiliza el poder para ayudar a sus seres queridos. Sin embargo, a todo el que lo conoce, le consta que Nicolás hace lo que nuestras abuelas llamaban “claridad para la calle y oscuridad para la casa” porque, parte de un patrimonio que no le pertenece, lo regala a unos hermanos vividores y maltratadores de su propia familia, que viven en su vecindario.

Realmente, es increíble la historia de este joven español conocido como Nicolás Gómez, “el pequeño gran estafador”, quien, con sus embustes, carita de niño, estafas y excentricidades, no solo robo miles de euros, sino que logró colarse en los más altos círculos sociales y políticos, al punto incluso de asistir al Palacio de La Moncloa y, como si nada, estrechar la mano de la reina y del rey Felipe VI el día de su proclamación.

La verdad es que este Nicolás se las trae, el español por supuesto, no el gordito que se viste de rojo.