• Caracas (Venezuela)

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Fermín Lares

No soy Nico

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Me sorprendió la rápida reacción de Nicolás Maduro por el atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo, en el que murieron 12 personas y otras 10 resultaron heridas. No me sonó bien, no sé por qué. No me sentí cómodo.

“Transmitimos nuestras condolencias a los familiares, amigos de las víctimas, al gobierno y al pueblo francés y junto al mundo pedimos justicia”. “El gobierno y el pueblo de Venezuela repudiamos el ataque terrorista contra Francia y los acompañamos con toda nuestra solidaridad y amor”, dijo Maduro por Twitter.

Por supuesto que esa es la reacción que quiero y deseo de un presidente venezolano, sea quien sea. Quiero que el presidente condene un hecho tan abominable e injusto como ese, especialmente por tratarse de periodistas y contra un medio de comunicación.

“El hecho de que este fuera un ataque a periodistas, un ataque a nuestra prensa libre, también subraya el grado en que estos terroristas le temen a la libertad de expresión y a la libertad de prensa”.

Esto no lo dijo Maduro, lo dijo Barak Obama. (¡Uuups!)

Maduro recorre el planeta, anda por China, por el Medio Oriente, no por el mundo bizarro que quiere mantener en su propia patria. Quizás por allá se ven las cosas de otra manera, impresionan distinto, no obstante que ninguno de los países que está visitando es precisamente democrático. Quizás fue un desliz, como cuando al fragor del final de la campaña de abril de 2013, cuando se sentía ganador de las presidenciales contra Henrique Capriles, le soplaron que su contendor quería contar los votos, y de inmediato, emotivamente, dijo que sí, que se abriera 100% de las cajas de votación. “¡No tenemos miedo! ¡Que las cajas digan la verdad!” aceptó desde un balcón de Miraflores. Después se arrepintió.

No me cuadra el pronunciamiento probablemente espontáneo de Maduro, quizás porque me acuerdo de las arremetidas de la finada Lina Ron y su pandilla contra Globovisión. Funcionarios del gobierno condenaban los hechos y hasta presa fue Lina por eso; pero cuando murió en 2011, Chávez la exaltó como una verdadera soldada del pueblo, una revolucionaria completa.

En ningún caso hubo un crimen tan atroz en Venezuela como el parisino del miércoles pasado, pero uno de los atentados mayores contra la libertad de expresión en este país es el de las agresiones a periodistas y medios de comunicación. Nada más en el año que acaba de terminar, hubo 91 agresiones a periodistas, fotógrafos y otros trabajadores de medios, de acuerdo con el registro anual que lleva la organización Espacio Público. En 36 de estos casos, los victimarios fueron los cuerpos de seguridad del Estado. La mayoría de las agresiones se dieron en el contexto de manifestaciones.

El colmo es que desde los medios oficiales de los distintos poderes públicos, medios del Estado de todos los venezolanos, se agrede a periodistas y comunicadores. Entre junio y noviembre de 2014, el Instituto Prensa y Sociedad, capítulo Venezuela, contabilizó 27 señalamientos contra periodistas y medios de comunicación, en portales de los poderes públicos. El de la Asamblea Nacional acumuló el mayor número de agresiones. Al menos 17 informaciones en esta página web culpaban a los medios de impulsar prácticas vinculadas al terrorismo y al fascismo.

Maduro no se queda atrás. En septiembre de 2013, sólo porque el periodista Nelson Bocaranda informaba sobre pormenores de una visita presidencial a Canadá, lo llamó nauseabundo y arrastrado. “Da vergüenza cómo se arrastra un periodista que ha sido pieza de los Estados Unidos por años”, dijo el presidente. “Se pone uno nauseabundo al verlos a ustedes (...) Nelson Bocaranda y toda la partida de bandidos de derecha que están a su alrededor”.

Entre los años 2002 y 2011, bajo el régimen chavista, fallecieron violentamente 9 periodistas, un promedio de uno al año. En el 2002 fue José Tortoza, fotógrafo del diario 2001, asesinado mientras cubría los sucesos del 11 de abril. En 2004, Mauro Marcano Ramos, conductor del programa De Frente con el Pueblo, de Radio Maturín, asesinado en la capital monaguense. En 2006, Jorge Aguirre, fotógrafo de la Cadena Capriles, asesinado mientras cubría una manifestación de estudiantes, en Caracas; Pedro Bastardo, muerto de varios disparos en Cumaná, quien trabajaba para la oficina de prensa del municipio Bolívar del estado Sucre; Jesús Flores Rojas, corresponsal del diario La Región, en El Tigre, Anzoátegui; José Joaquín Tovar, asesinado en Caracas, trabajaba para el semanario Ahora. En 2008, fue asesinado el vicepresidente del diario Reporte de la Economía, Pierre Fould Gerges. En 2009, fue asesinado el editor del semanario político ABC, de Valencia, Orel Sambrano, quien también era vicepresidente de la emisora Radio América y columnista de Notitarde. En 2011, hallaron muerto con un tiro en la cabeza a Iván Ojeda Peralta, columnista de El Clarín, de La Victoria.

Todas estas muertes se produjeron en circunstancias sospechosas. Los victimarios, en su inmensa mayoría, no han sido identificados.

El cerco a la prensa independiente se ha acentuado con Maduro. Hacia finales de 2014, este periódico, El Nacional, tenía un año sin poder comprar papel para imprimir. El régimen no otorga fácilmente las divisas para importar los insumos que necesitan los medios independientes. El Nacional ha tenido que recurrir a la solidaridad de los periódicos de varios otros países para poder sacar su edición impresa, bastante reducida.

Je suis Charlie, yo soy Charlie, somos Charlie, somos Venezuela, no soy Nico.