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Arturo Serrano

Del New Hollywood al Blockbuster (I)

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Los años sesenta fueron sin duda los que más han revolucionado el lenguaje cinematográfico. Esos fueron los años en que un grupo de críticos franceses, inspirados por André Bazin, el mítico fundador de la revista Cahiers du Cinéma, empezaron a hacer cine de una manera nunca vista.

Haciendo poco caso de las rígidas reglas del cine clásico hollywoodense, pero a la vez con gran admiración por él, estos críticos se convirtieron en los realizadores que dejarían una huella indeleble en el cine mundial. François Truufait, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Jacques Rivette o Éric Rohmer fueron los directores de ese movimiento que se denominó Nouvelle Vague (La nueva ola) y cuya fuerza se evidencia al escuchar a Martin Scorsese diciendo que después de ver las películas de Godard sintió que le habían quitado unas cadenas y que su manera de hacer cine iba a ser más parecida a lo de esos rebeldes que la de la mayoría de los obedientes directores de la meca del cine.

Si comparamos ese movimiento con la idea que los espectadores tienen de Hollywood, nos podemos dar cuenta de que en cierta medida parecieran ser opuestos. Según esta visión tenemos por un lado al regulado, estandarizado e industrializado cine norteamericano con su mano puesta en el pulso de los gustos de la masa, y por el otro al cine de la nueva ola con su rebeldía y en ocasiones desdén por las audiencias de masas más preocupado por el arte que por la taquilla. Pero la verdad es que esa nueva ola dejó una marca indeleble en el cine norteamericano y que se hizo más evidente en los años sesenta y comienzos de los setenta en una maravillosa época en que las más importantes películas de Hollywood se parecían mucho más a los “pequeños” filmes europeos, que a los “gigantes” filmes norteamericanos. Esta época dorada se llamó el New Hollywood Cinema (Nuevo Cine de Hollywood).

A la influencia de la nueva ola se unieron varios hechos importantes: 1) El viejo sistema de estudio estaba empezando a colapsar bajo su propio peso debido a una serie de fracasos en taquilla muy costosos económicamente para los estudios, entre otras cosas debido a la decisión de la Corte Suprema de que los estudios no podían practicar monopolios en sus cines (es decir, se les prohibía venderles sus películas solo a sus cines o reservar cines por todo el año); 2) El fin de la censura y su sustitución por el sistema de “ratings” en el que no se prohibían películas, sino que se indicaba qué edad se debía tener para poder verla y 3) La llegada a Estados Unidos del cine japonés (en especial Kurosawa), el cine italiano (en especial Sergio Leone) o el cine británico (en especial las películas de terror de los Hammer Studios).

Todos esos elementos permitieron el surgimiento de una serie de directores quienes se convertirían en las nuevas estrellas de la dirección como Sam Peckimpah, Sam Fuller, Stanley Kucrick, Brian De palma, Francis Ford Coppola, John Cassavetes, Martin Scorsese o Arthur Penn.

En el año 1967 Penn dirigió Bonnie and Clyde, y que se convertiría en una de las películas más exitosas de la época hasta el punto de que uno de los contadores de la Warener Brothers llegó a decir que era imposible proyectar cuáles serían las ganancias, pues semana a semana su audiencia iba creciendo exponencialmente. Pauline Kael, la crítica de cine del New Yorker, le dedicó seis páginas a su pieza sobre este filme, extensión inédita para una crítica de cine. Es imposible sobrestimar el impacto que Bonnie and Clyde tuvo en cine norteamericano, pues debido a su éxito los estudios empezaron a dar carta blanca a sus jóvenes directores creando así una oleada de películas que tan solo un lustro antes hubiese sido imposible realizar en el estricto Hollywood: The Graduate (Mike Nichols, 1967), Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), Midnight Cowboy (John Schlesinger, 1969), The Godfather (Francis Ford Coppola, 1972), Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976).

Pero todo llega a su fin y en Hollywood manda el dinero. El New Hollywood Cinema duró mientras dio ganancias, pero en el año 1975 un joven de apenas 29 años de edad dirigió la película más taquillera hasta el momento: Jaws (Steven Speilberg, 1975). Dos años más tarde otro joven llamado George Lucas dirigió Star Wars (George Lucas, 1977) y de nuevo los bolsillos de los estudios se llenaron. Es así como llegó a su fin una de las eras más interesantes del cine norteamericano y empezó esta era: la del blockbuster. Una era que aún vivimos y en la que se producen en masa películas divididas en partes que atrapan a una audiencia cautiva de sus característicos efectos especiales y multimillonarias producciones. En la próxima columna hablaremos del blockbuster intentando explicar en qué consisten y cuál es su futuro.