El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Rodolfo Izaguirre

Nevado

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El Nacional destacó que durante el recorrido de Capriles Radonski por Mérida y El Vigía sus simpatizantes le regalaron un cachorro mucuchíes en lo que se considera un significativo gesto si recordamos que Nevado fue el perro que acompañó al Libertador en sus campañas.

Significaba ofrecerle también la compañía del mejor "amigo del hombre", lugar común que Gustav Flaubert incluye en su Diccionario de tópicos, es decir, entre las necedades que repite la gente. En un capítulo de Acechos de la imaginación, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1993, titulado "La accidentada vida de Simón Bolívar por los laberintos del cine", enumero los proyectos destinados a llevar a la pantalla las hazañas militares y eróticas de Bolívar, así como los múltiples obstáculos que el culto a su figura ha levantado para impedirlos.

scista en el cine italiano de los años treinta. ¡La película resultó atolondrada! Al padre de la patria no se le puede ver manteniendo relaciones adulterinas; de allí que en lugar de Manuelita, el culto obligó a Rossana Schiafino a llamarse Rosario, una mujer que simboliza los amores del Libertador.

Páez (¡por culpa de La Cosiata!) no se llama Páez sino el "General de los Llanos" y los jinetes ofrecidos por el Ejército venezolano para dar brillo y espectacularidad a las batallas no sabían caerse de los caballos durante los combates. Tratándose de una coproducción con España y pensando en la taquilla, tampoco resultaba conveniente que Bolívar ganara las batallas a los españoles y en la película las gana todas, ¡pero sin saber a quién se las está ganando! ¡Maximilian Schell, protagonista del film, pide encarecidamente que lo llamemos Max! Max reveló a los venezolanos que su tatarabuelo fue amigo de Alexander von Humboldt y que a través de las cartas de su pariente se inició en el conocimiento de la "filosofía bolivariana".

Max comunicó a Lorenzo Batallán, legendario jefe de la página de Arte de El Nacional, su interés por adquirir una carta autógrafa de Simón Bolívar sin importar el precio. Batallán le aclara la imposibilidad de complacerle por cuanto existen normas legales que impiden que documentos de esa naturaleza salgan del país.

Max lo lamenta, pero expresa entonces su otro deseo y espera que no haya dificultades para satisfacerlo: se trata de conseguir, para llevárselo, un cachorro de la raza mucuchíes. "Bolívar, dice Max muy conocedor, tuvo un perro de esta raza llamado Nevado y yo deseo obtener un ejemplar. ¿Será posible? Por favor, ¡hágame las gestiones al respecto!".

Durante el rodaje, la prensa informó sobre un grupo de niños de los páramos que regalaba al actor, en un candoroso gesto de fervor bolivariano, un cachorro mucuchíes para que el animalito (¡que al crecer alcanza furiosas dimensiones de acémila!) pudiera recordar y mantener viva en Max la fidelidad que Nevado tuvo con el Libertador.

 Cuando en el Festival de Cine de Moscú se apagó la música triunfal de Aldemaro Romero y cesaron los aplausos que recibió aquel Bolívar febril e indómito, una de las preguntas que le hicimos a Maximilian Schell fue sobre aquel perro que le regalaron los niños del páramo y que él aceptó jubiloso no como Max sino como el propio Simón Bolívar. ¡Max parpadeó! Entre los numerosos episodios de su vida surgía éste, escurridizo, que se le escapaba. "¿Un perro? Oh, Sí. Pero quiero que sepa una cosa -dijo-. ¡Yo odio a los perros!".

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