• Caracas (Venezuela)

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Demetrio Boersner

Negociaciones necesarias

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El término “negociación” es más realista y apropiado que el de “diálogo” para definir lo que Venezuela necesita para salir de una de las peores crisis de su historia.

La palabra “diálogo” suena un tanto romántica y puede evocar sospechas de ingenuidad; en cambio “negociación” designa con precisión lo que suele ocurrir en el mundo político tanto internacional como nacional de cada país: el lento y laborioso acercamiento entre dos adversarios, ambos firmes defensores de sus respectivos intereses y poseedores de medios de presión, pero convencidos de que hay que perseverar hasta que se llegue a un entendimiento que evite cataclismos y abra espacios de sosiego y esperanza.

No cabe duda de que Nicolás Maduro carece de capacidad para gobernar. Su dudosa y cuestionada legitimidad constitucional, las ponzoñosas intrigas de sus rivales dentro del propio aparato oficialista, y las atroces dificultades económicas y sociales que afligen al país y a su población lo obligan a negociar para tratar de salvar su posición.

Sus experimentados mentores cubanos se lo han dicho y lo siguen instando en ese camino: si han comprendido que Cuba misma debe acelerar su proceso de liberalización económica con masivas privatizaciones y la creación de una nueva clase media empresarial, mucho más entienden que Venezuela debe salvar los restos de capitalismo que aún le quedan y retroceder del salvajismo expropiador a una economía mixta que le permita sobrevivir y –ojalá– iniciar una lenta y penosa recuperación. Ante todo, tienen conciencia del peligro de un estallido social que nadie desea.

Para la oposición democrática, sin embargo, es imposible inclinarse ante la estrategia “china” que Cuba acogió internamente y que aconseja a Nicolás Maduro: liberalizar sólo la economía pero no la política; dialogar con empresarios nacionales y extranjeros, pero no con disidentes u opositores políticos. Restaurar relaciones capitalistas pero negarse a abandonar el autoritarismo estatal, e incluso acentuarlo con adicionales persecuciones y represiones políticas.

Aun a sabiendas de que, a la larga, la liberalización económica no dejará de alentar también un relajamiento de las demás restricciones despóticas y un creciente pluralismo de opiniones, en el caso de Venezuela, que ha vivido una pasada época de democracia tolerante y vibrante cuyo recuerdo forma parte de nuestra esencia cultural nacional, todos los opositores de centroizquierda, centro y centroderecha, que estamos unidos contra el autoritarismo, estamos obligados a rechazar la idea de intentos de negociación reconciliadora limitada que sólo abarquen la relación Estado-mercado y no aborden la problemática de la legitimidad del poder, del Estado de Derecho, de la libertad y de los derechos humanos.