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Alberto Krygier

Neblina de guerra

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El mundo está avanzando más rápido que nunca en la historia. ¿Qué está pasando?

En el libro La guerra y la paz de León Tolstoi, cuando el héroe Pierre Bezukhov llega al campo de batalla de Borodino, encuentra que la neblina de la guerra ha descendido y ensombrecido todo el entorno. Reinaba la confusión, no se podía ver, no había órdenes ni planes de acción. Lo que sí había era mucha anarquía y desconcierto. El conde Bezukhov no podía distinguir sus tropas de las del enemigo. Y lo peor estaba por venir. La guerra real comenzó prácticamente en la oscuridad. El caos se apoderó de todo. En medio de esa vorágine, Napoleón Bonaparte fue derrotado.

El nombre “neblina de guerra” se comenzó a usar frecuentemente para referirse no sólo a la incertidumbre que se puede producir en un combate, sino también en las situaciones inseguras y enrevesadas en general.

En la actualidad, el mundo está inmerso en espesas “neblinas de guerra”, al tiempo que se encuentra atravesando tormentas económicas, políticas, sociales, tecnológicas, ideológicas, éticas, morales y de toda índole. Es el caso que nosotros también vamos como tanteando en un ambiente cargado de bruma. No sabemos dónde estamos ni hacia dónde vamos.

Alrededor del año 1970, el entorno mundial comenzó a evolucionar rápidamente por el efecto de diversos paradigmas y cambios estructurales, provocados principalmente por adelantos científicos y tecnológicos y por la globalización, aspectos sobre los que se basó años después el significativo desarrollo económico y social de Asia y, con altos y bajos, de Estados Unidos y Europa, hasta la crisis del 2008. Oportunidad que podíamos haber aprovechado para diversificar e incrementar nuestra producción industrial, así como para impulsar mejoras en el campo educativo y laboral y desarrollar nuestra capacidad tecnológica. Esas son las bases para formar una clase media fuerte y, por supuesto, para lograr nuestro futuro bienestar. Las bases de apoyo que buscaba Aquiles de Siracusa para mover al mundo. Pero parece que esto no está entre nuestros planes, por ahora.

Las naciones continuarán siendo desafiadas en el futuro. La próxima generación seguirá avanzando haciendo frente a la progresiva e infaltable competencia y a los adelantos que se presenten a escala mundial, definiendo su futuro.

En un informe del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI) de Estados Unidos, para alrededor del año 2030 se prevé que China será la primera potencia económica. Lo que los politólogos ya venían anunciando, ahora lo confirmó el CNI. China desarrolló primero su capacidad productiva, apoyada por las inversiones de Estados Unidos y Europa. Luego invirtió los ingresos de sus exportaciones en construir una infraestructura de calidad, en profundizar la formación de sus trabajadores, en mejorar la educación, y en desarrollar una importante clase media. Todavía le falta mucho por hacer, sobre todo en el campo político, y para elevar la calidad de vida de su gente, pero está trabajando en ello. Confiamos en su capacidad. Es mucho lo que podemos y debemos aprender de China.

Según el CNI, las economías asiáticas sobrepasarán a las de América y Europa. La hegemonía estadounidense en el mundo tendrá sus años contados; en un plazo de 15 o 20 años la escena internacional habrá dado un paso hacia un mundo multipolar, en el cual Washington seguirá teniendo cierto liderazgo, más no dominio. Será primero entre iguales. La clase media será el sector económico y social más importante de la vasta mayoría de los países en todo el mundo. ¿Estamos dispuestos a salir de la neblina de guerra en que estamos atrapados y aprender de nuestros errores? Estoy seguro de que tenemos la capacidad para lograrlo.