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Marcelino Bisbal

Navidad, a la sombra de tres historias

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Este corto ensayo-crónica se podría haber titulado, siguiendo a la pensadora y filósofa Hannah Arendt, historia de unos “hombres en tiempos de oscuridad”. Hombres en tiempos de oscuridad (1955) es un libro que trabaja la biografía intelectual de una serie de personalidades que vivieron en una época de oscurantismo, de incertidumbre, de des-orden y de luz incierta. Nos dice la autora que “cuando pensamos en los tiempos de oscuridad y en las personas que vivían y se movían en ellos, tenemos que tener también en cuenta este camuflaje que emana y es difundido por el círculo gobernante de una nación. Si la función del reino público es echar luz sobre los sucesos del hombre al proporcionar un espacio de apariencias donde puedan mostrar de palabra y obra, para bien o para mal, quiénes son y qué pueden hacer, entonces la oscuridad ha llegado cuando esta luz se ha extinguido… por un discurso que no revela lo que es sino que lo esconde debajo de un tapete, por medio de exhortaciones (morales y otras) que, bajo el pretexto de sostener viejas verdades, degradan toda verdad a una trivialidad sin sentido”.

Valga esta extensa referencia para decir que en estos días de Navidad queremos reflejarnos en tres historias de hombres que vivieron y se desenvolvieron en su momento. Tiempos a veces oscuros y tiempos, seguramente que sí, también luminosos. Porque un hombre es la consecuencia de su tiempo y de las circunstancias que le tocó vivir.

Las tres historias tienen en común, entre muchos otros aspectos, el mes de diciembre. El mes último del año es la constante, es la excusa para dialogar con sus actos, con sus quehaceres y para ver desde ellos cierta iluminación para los tiempos que vienen.

La primera de estas historias se cierra un 5 de diciembre de 2013. Fallece Nelson Mandela. Su nombre de clan fue Madiba. Suráfrica dejaba atrás el pasado vergonzoso marcado por el apartheid. Lo abandonaba pacíficamente gracias a la nobleza y al espíritu de un hombre que fue capaz de dialogar y negociar con sus opresores, sus enemigos. Eso sí, sin abandonar su fe en la democracia. Como expresaba el escritor chileno Ariel Dorfman: su presencia fue luz en la oscuridad. Dio forma al partido African National Congress y lo inspiró para marchar contra el totalitarismo y el racismo por caminos de tolerancia, de comprensión, de solidaridad y de resistencia. Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica, demostró que aún en las peores condiciones de todo orden, es posible transformarlo. Su país lo logró. La escritora sudafricana y Premio Nobel, Nadine Gordiner, decía antes de morir  en julio de 2014 que: “Mandela tuvo que vérselas con la resaca cuando todos despertábamos de la fiesta , Li-ber-tad Li-ber-tad Li-ber-tad. Tuvo que coger la pala y seguir a partir de donde nosotros arrasábamos con el apartheid”.

La otra historia se cierra el 8 de diciembre de 1980. Evocamos no hace nada 34 años de su partida. Se trata de un músico inglés de rock, compositor y activista a favor de la paz. Fundador del grupo The Beatles. A mí siempre me atrajeron más las composiciones de su compañero de banda Paul McCarthey, pero debo reconocer que sus dos piezas “Give Peace a Chance” y, sobre todo, “Imagine”, fueron acicate para que muchos jóvenes e idealistas del momento emprendieran toda una lucha y movilidad por el imperativo de la paz y la justicia. No es gratuito que en este 2014 que se nos va, la Organización de las Naciones Unidas escogiera el tema “Imagine” para la conmemoración del Día Mundial de la Paz y del Día Internacional de los Derechos Humanos. Incluso la Unicef lanzó toda una campaña en favor de los niños en el mundo y seleccionó a “Imagine” como telón de fondo. El escritor francés David Foenkinos acaba de publicar un libro con la editorial Alfaguara que tiene por título Lennon. La reseña del texto nos habla “de la frescura, la imaginación, la sensibilidad, la poesía, el descaro, la rabia y el desencanto” del beatle John Lennon.

La última crónica tiene que ver con la celebración del nacimiento de Jesús. La natividad se empieza a festejar a partir del siglo III. La Biblia nos dice que las primeras manifestaciones de Jesús sobre la Tierra se suceden el 25 de diciembre y el 6 de enero. Razón de más para que se escogieran esas fechas como motivo del acontecimiento histórico que significaba la aparición de Jesús. El evangelista nos narra el nacimiento: “Un censo general llevó a José y María a Belén, la ciudad de David. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumpliera a María los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no  había sitio para ellos en la posada”. Para el creyente, la Navidad es una fiesta de amor y pobreza, de entrada de Jesús en la Tierra para habitar entre los hombres. La figura de un niño es el icono de la representación de Dios en la Tierra, es su gracia que arropa a todos por igual. Sin diferencias, sin distingos… ya lo cantaban los ángeles en ese 25 de diciembre: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres, objeto de su amor”.

Ya estamos en Navidad. Tres historias, tres hombres que estuvieron entre nosotros. Dentro del des-orden en que nos encontramos, sus testimonios pueden servirnos de ejemplo a nosotros los venezolanos, a nuestros políticos demócratas… de que sí es posible asumir un cambio y “que aún en los tiempos más oscuros tenemos el derecho a esperar cierta iluminación”. Esta convicción, como la expresa Hannah Arendt, constituye el fundamento de esta Navidad, a la sombra de tres historias. En nuestro contexto: ¡que así sea!