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Hannia Gómez

Narciso en el bosque

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Fundación Louis Vuitton | Foto: 2014, @Iwanbaan

Fundación Louis Vuitton | Foto: 2014, @Iwanbaan

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1. Fractal castidad

“Narciso era perfectamente bello –y por ello desdeñaba a las ninfas–, porque estaba enamorado de sí mismo. Ninguna brisa enturbiaba las aguas, donde, tranquilo e inclinado, todo el día contemplaba su imagen…” (2). Esta es la voz de André Gide, refiriéndose al mito de Narciso, que bien hubiera podido continuar así: “Las aguas también reflejaban el cielo, los árboles y el vuelo de las aves, y seguían su curso, más allá, cayendo en suave cascada, arrastrando las hojas de los árboles, adentrándose, continuando, hasta desaparecer debajo de su cuerpo inigualable”. Hoy, lunes 27 de octubre, el cuerpo inigualable de otro mitológico ser, alongado, reclinado, inclinado, reposando, pero levitando, elevándose en medio del bosque, para más señas de Boulogne, empezará a infligir el allure incontenible de su volumen colosal sobre la humanidad entera. Se trata de la Fundación Louis Vuitton, un museo de arte contemporáneo y centro cultural.

El gigantesco nuevo adonis transparente de la arquitectura contemporánea es también “perfectamente bello” –según los parámetros actuales–. Y también se nos devela –y se nos vela– en todo su absoluto enamoramiento de sí mismo, replicando, emulando, acariciando –pero ahora en “efecto velas de vidrio”– cada paso de baile, cada “taxonomía de la forma” de su artífice, el arquitecto americano-canadiense Frank Gehry: desde los collages, los peces flotantes, los bloques, los blobs, la continuidad, el flujo y hasta la misma lava, que antes habían sido ejecutados en titanio y en acero: todo esta allí. (3) Ante ello, el coro celestial de querubines de la crítica de la arquitectura mundial, agarrados de manos, entona al unísono: “Tenemos un nuevo Palacio de Cristal!”. (4)

Nada ni nadie pudo contener el pacto creativo que hicieran Bernard Arnault, chairman de Louis Vuitton, y Frank Gehry cuando decidieron –sí, decidieron, ellos dos, sin más nadie– una bella tarde de 2007 en Nueva York lo que harían allí, en ese exacto lugar, sobre en los antiguos terrenos del Jardin d’Acclimatation de París, propiedad de LMVH. Bautizado como “un edificio haute couture”, el proyecto desde sus inicios avanzó indetenible directo a su culminación, desdeñando, en toda su fractal castidad, a toda ninfa que haya querido atravesársele en el camino. Hoy, quien contemple desde cualquier altura urbana de París el Bois de Boulogne, verá cómo este ya dejó de ser la antigua foresta espesa y reposada que bordeaba tranquila la ciudad por el sureste. La Fundación Louis Vuitton se apoderó de su paisaje, lo convirtió en su pedestal: su caparazón vítreo, su dorso de cetáceo ahora nada entre los robles y los pinos como en su propio estanque verde.

Allá ellos, los parisinos. Parecieran no darse cuenta de la ciudad que tienen. Sometidos al complejo europeo del cambio sempiterno, ven al viejo París como una carga que hay que refrescar periódicamente para que cada día que pase deje de ser sí misma y se vaya pareciendo más a las demás mediocres metrópolis del mundo. Yo, afortunadamente, estoy curada de espanto. Muy temprano en mi vida mis padres, a quienes hoy agradezco públicamente, me llevaron a conocer los oropeles de Fantasyland, la Tierra de la Fantasía. Eso sí: en el momento justo: durante la infancia, su escenario ideal. No me estremecen por lo tanto las arquitecturas-como-esculturas ni las arquitecturas-como-espectáculo con las que ciertas empresas quieren vender más carteras. Vale, para terminar, un tweet capturado literalmente al vuelo la semana pasada en mi TL. Era una aclaratoria, o mejor dicho un recordatorio, por las dudas: “RT @LVServices: Hola. La Fundación Louis Vuitton no es una tienda Louis Vuitton”. (5)


2. El síndrome de Maupassant

La memoria urbana de hoy la escribe Roland Barthes:Guy de Maupassant a menudo almorzaba en el restaurante en la Torre Eiffel, aunque no le interesaba la comida: ‘Es el único lugar en París, decía, donde no tengo que verla”. (6) Muy a pesar de Maupassant, la entonces revolucionaria estructura diseñada por Gustave Eiffel para la exposición universal de París en 1900, llegó para quedarse. La singular saga de su paso de objeto controversial a elemento constitucional del paisaje de la ciudad, sin embargo, quisiera ser reeditada desde entonces por muchos edificios, cual si se tratase de una fórmula patentada para tener éxito en la ciudad. Ya pasó una vez con el Pompidou, a expensas del Marais.

Cada vez que un starchitect quiere que su nueva pieza fuerte de arquitectura moderna sea aceptada en un paisaje urbano, el argumento es el mismo: “¡Lucirá como nada que se haya visto antes!”. Esta vez no ha sido distinto. La “nube de vidrio” de Gehry en principio no tuvo carta blanca. Los medios poco hablan de la batalla –perdida– que dieron los vecinos en la corte, y que comenzaba por pedir algo patrimonialmente lógico: que la altura del edificio no rebasara la copa de los árboles. Cuando LMHV apeló al mismísimo Parlamento francés y este puso punto final al debate haciendo una conveniente excepción en la ley, la prensa internacional empezó a referirse a los vecinos agrupados en la Coordinación para la Protección del Bois de Boulogne y sus Alrededores, como “filisteos” ignorantes en arte o egoístas grupos NIMBY (Not In My Back Yard). (7)

Hoy, ya nadie en el planeta podrá dejar de ver la arquitectura de Gehry dominando el Bois de Boulogne todos los días de aquí hasta la eternidad, no solo los vecinos que habitan en su periferia. Una visión impuesta. Sirva para recordatorio de todas aquellas operaciones de grandes proyectos-insignia en la que no se toma en cuenta la opinión de los ciudadanos, léase el Estadio de Fútbol de La Rinconada (“Parque Hugo Chávez”) de Rogers Stirk Harbour + Partners o la Torre Mirador de La Carlota (“Parque Bolívar”) de César Portela. (8, 9) Afortunadamente, la fundación Louis Vuitton cuenta con una cafetería. Allí iremos, aunque no nos interese la comida, cada vez que queramos soñar con el Bois de Boulogne… como era una vez.


NOTAS:

1. “Toutes choses sont dites déjà / mais comme personne n’écoute, il faut toujours recommencer”. En: André Gide,  Le Traité du Narcisse.

2. “Narcisse était parfaitement beau –et c’est pourquoi il était chaste; il dédaignait les Nymphes– parce qu’il était amoureux de lui-même. Aucun souffle ne troublait la source, où, tranquille et penché, tout le jour il contemplait son image…”. En: A. Gide,  Op. Cit.

3. @RIBAJ: From boogie-woogie to ballroom: the changing style of Frank Gehry.

Ruth Lang. “Lord of the Dance”, RIBAJournal: http://t.co/KQFd2AYPd1 http://t.co/Kh7ydJREqG

4. Paul Goldberger, “Gehry’s Paris Coup”, Vanity Fair, septiembre 2014: http://www.vanityfair.com/culture/2014/09/frank-gehry-foundation-louis-vuitton-paris?mbid=social_retweet

5. RT @LVServices: “Hello. The Fondation Louis Vuitton is not a Louis Vuitton store”. Via @HawthorneLAT

6. “MAUPASSANT often lunched at the restaurant in the Tower, though he didn’t care much for the food: It’s the only place in Paris, he used to say, where I don’t have to see it”. En: Roland Barthes, “The Eiffel Tower”, The Eiffel Tower and Other Mythologies.

7. No en mi patio. Steven Erlanger ay Marie-Pia Gohin, “Tycoon’s Project: Nimby With a French Accent”. En: Paris Journal, The New York Times, Abril 2014:

http://www.nytimes.com/2011/04/08/world/europe/08paris.html?_r=0

8. “Rogers Stirk Harbour + Partners unveil their first ever football stadium in Caracas, Venezuela”, January 30, 2014, News, Rogers Stirk Harbour + Partners: http://www.rsh-p.com/news?siteID=1&navIDs=1,6&NID=239&addToPortfolio=true

9. OPPE, “Parque Bolívar tendrá una torre mirador”, Noticias CCS, CiudadCCS, 26 enero de 2014.